El liderazgo se gana, no se impone

¿Has trabajado en algún equipo donde sientes que todo funciona como una maquinaria sincronizada y bien aceitada?. ¿Te ha tocado la mala suerte de estar en equipos donde se respira incertidumbre, frustración, inseguridad y un malestar constante?

La diversidad de los integrantes -y las dificultades normales de los negocios- siempre generan retos en el ámbito laboral, pero un equipo puede ser tan exitoso y funcional como su líder lo procure.

Es casi imposible encontrar las principales cualidades del líder ideal en una sola persona, pero aquí cité algunas de las que me parecen imprescindibles (sin ningun orden particular):

  • Inteligencia emocional y empatía: el buen líder sabe lidiar con las emociones polarizadas de un equipo y concilia cuando hay que hacerlo. Cuando hay situaciones extremas y los ánimos están a tope, sabe conducirse y conducir a la gente para que no se generen conflictos que puedan dañar irreparablemente el funcionamiento del equipo. El buen líder sabe escuchar, qué decir o cuándo callar.
  • Se rodea de gente competente: el mal líder teme que su gente crezca porque le roban el puesto. El bueno se rodean de expertos en su área, de gente capaz. Los deja trabajar e innovar, y va desarrollando un equipo robusto que eleve el funcionamiento general de la empresa o negocio.
  • Tienen visión y es transparente: no hay peor sensación que el sentirse el hamster en la rueda, corriendo por inercia si saber a dónde. El buen líder comparte información clave para los proyectos, hace partícipe al equipo de su visión estratégica, y la enriquece con su retroalimentación. Es transparente -aún cuando hay malas noticias- y con ésto logra que la gente se sienta más involucrada.
  • Da crédito: ¿a quién no le ha pasado que un gran logro propio se lo adueña alguien más? El buen líder sabe que si su equipo triunfa, él/ella triunfa también. Sabe que al dar crédito a su gente, impulsa y refuerza el sentimiento de compromiso de su equipo.
  • Respeta y lo respetan: muy simple, respeta desde al más alto ejecutivo hasta el personal de limpieza, y eso se retribuye. El respeto no lo da la posición, lo da la calidad humana.
  • Optimismo y actitud positiva: cuando las cosas van mal, lo que más nos hace falta es una palmada en el hombro, una sonrisa, un “pulgar arriba”. Uno sabe que de todos modos puede haber desastres, fallas, etc., pero si tu líder te hace sentir que aprecia tu esfuerzo, vale oro.
  • Compromiso y responsabilidad: el capitán es el último que brinca al bote salvavidas. El buen líder sabe que tiene el compromiso de encabezar un equipo que depende de él en muchos sentidos. Cuando uno sabe que su líder está comprometido con el proyecto, la causa, la empresa, trabaja uno más tranquilo. Si uno siente que su líder brincará del barco en cualquier momento, las cosas se empiezan a tambalear.
  • Generosidad: no sólo en lo material -que el equipo siempre apreciará detalles como una comida, un regalo, etc.- , el buen líder es generoso también con su tiempo y con su experienca, y lo comparte con los que van subiendo. Enseña, pero también se deja enseñar.

En resumen, el buen líder predica con el ejemplo. Sin más.

Genial si estás en un equipo de un líder, o si tú eres el líder de tu empresa o proyecto, asegúrate de estar a la altura y las cosas funcionarán bien.