Estar muy ocupado ya NO está de moda

Me encantan los calendarios, las agendas, las apps para manejar tareas (task managers). Desde siempre tengo una gran debilidad por planear y organizar mis días, mis semanas, mis meses… mi vida.

Esto me viene de antes…

Desde chica me gustaba llevar un control muy detallado de mis horarios (qué locura a esa edad, ¿no?). Organizaba por hora qué haría después de llegar de la escuela: comer, arreglar algún cajón, ver algún programa, leer algún libro o cuento, hacer la tarea, dibujar, jugar un rato “Intellivision”, etc.

Así fui perfeccionando mis “habilidades planeadoras” en la época de la prepa y universidad, así que cuando entré a trabajar, era una experta en eso de la planeación del tiempo (al menos eso pensaba).

El común denominador: estar ocupado

En algún momento de esos años, decidí o entendí que lo correcto era estar ocupada. Si había algún espacio en blanco en el calendario o plan del día, había que llenarlo con “algo productivo”.

Al paso del tiempo, y cuando uno está en trabajos de alta demanda, eso de estar ocupado se vuelve una religión, una obligación. Así, el que no se muestra permanentemente ocupado, corre el riesgo de mostrar mediocridad, falta de control o bajo desempeño en el trabajo.

En años recientes me di cuenta que esto no es verdad. La gente que empuja a sus equipo a estar siempre “en llamas” está mal, el no dejar espacios para descomprimirse, para generar nuevas ideas, es nocivo a largo plazo. Igual de mal está cuando uno toma a su cargo el “ocuparse permanentemente”, lo único que muestra es falta de habilidad para manejar nuestros tiempos y prioridades.

Estar ocupado VS parecer ocupado VS ser eficiente

En todos estos años he jugado en algún momento estos tres papeles. Lo pongo en tercera persona para poder contarlo mejor:

1) El que siempre está ocupado

No miente, en verdad está en frenética actividad todo el día corriendo de una reunión a otra, de una llamada a otra, comiendo un sandwich en 10 minutos en el escritorio para brincar a la siguiente cosa. Y literalmente está ocupado porque se encarga de agendarse cuanta cosa le pasa por enfrente, y acepta todas las llamadas, citas o proyectos que le vuelan cerca. Obvio, su constante nivel de actividad le genera estrés y malestar porque tiene siempre la sensación de que deja cosas importantes por hacer (y no está lejos de la verdad, porque el que mucho abarca poco aprieta).

2) El que parece ocupado

No lo está, sólo lo parece. Guarda las apariencias mostrando que trabaja mucho para que no piensen que es mal empleado o que le está tomando el pelo a la empresa; pero la verdad es que sus horas frente a la computadora, en el teléfono o corriendo a citas se usan en gran parte para otras cosas. Y claro, es alguien mucho más relajado porque no se estresa, sólo se preocupa por hacer lo mínimo necesario para parecer que cumple y “quedar bien”. Muy listo, aunque este papel a largo plazo no funciona porque acaba por descubrirse su pantalla. Así que es más listo es:

3) El eficiente

No sólo cumple con lo que le toca en el trabajo, sino que logra dar un extra (no siempre, porque no se puede), y además se las arregla para tener tiempo personal y desarrollar proyectos, planes e ideas que le dan otras satisfacciones fuera del trabajo. Este es el papel que me gusta más. Pasé por él en varios momentos en años anteriores, y decidí reflexionar a fondo qué quería rescatar y qué quería mejorar hacia adelante. Porque definitivamente decidí quedarme este papel.

Estar ocupado NO está de moda

Aunque la respuesta más común cuando la gente pregunta “cómo estás”, es: “estoy a mil”, “no he parado”, “estoy en llamas”, etc. Hasta parece una obligación, la gente cree que es darse mucha importancia.

Cuando relacionamos directamente nuestro valor como profesionales o como personas con lo ocupados que estamos, la cosa está equivocada. “El más ocupado” no es una medalla de honor que hay que colgarse.

Cada vez más gente se da cuenta que cuando logra manejar de forma eficaz sus tiempos y prioridades, y balancear sus tiempos de trabajo intenso con el espacio mental, logra mucho más que cuando está en actividad frenética. Nuestro cerebro, nuestra creatividad y nuestro rendimiento físico requieren un equilibro para funcionar óptimamente.

En estos años, muchos líderes de equipos, empresarios, emprendedores o profesionistas independientes se han ido dando cuenta de esto, y poco a poco van difundiendo la idea de que estar siempre ocupado NO está bien, y que los profesionales más destacados tienden a manejar sus tiempos de forma más balanceada y favorable al ritmo biológico natural.

¡Renuncio a estar siempre ocupada!

Como grito de guerra, esta idea, propósito y hasta decreto lo pensé por varios meses durante 2015, pero no logré decirlo en voz alta y creérmelo hasta hace algunos meses.

He pasado por varias etapas, y aún me cuesta trabajo en algunos momentos no caer en la tentación de ocupar cada minuto de mi día en cosas que considero productivas. Así, aunque sigo teniendo la obsesión de agendar todo, ahora programo espacios en blanco.

Cada día aprecio más los momentos de quietud, de reflexión, de dejar la mente libre un rato. Es ahí donde he encontrado más crecimiento.