Vivimos en una sociedad de idiotas

Vivimos en una sociedad de idiotas. Suena extremista, pero es lo más acertado que he llegado a pensar cuando miro a mi alrededor. Nos burlamos de absolutamente cada aspecto que ocurre (o ha ocurrido) en el mundo. Hemos perdido el respeto, y en específico hemos perdido característica tan propia del ser humano: la empatía.

¿En qué momento nos volvimos tan fríos e insensibles? Cuando ocurre un hecho de gran impacto, no pasan ni dos minutos cuando ya hay innumerables “memes” sobre dicho hecho. Claro, lo satírico es algo con lo que nos hemos enfrentado desde hace años, pero el grado de prominencia que ha alcanzado en los últimos años es realmente impactante.

Vivimos en un mundo donde todo lo que sucede es capturado, procesado, compartido y, posteriormente, viralizado. Hemos crecido con la idea de que todo está a nuestro alcance y que somos capaces de lograr TODO lo que nos propongamos. ¿Qué tiene de malo eso? Nada. Bueno, nada siempre y cuando usemos nuestras habilidades para el bien.

Los millenials tuvimos la oportunidad de experimentar los grandes cambios tecnológicos que nos llevaron a la era digital. Fuimos criados bajo el sistema noventero en el que aún salíamos a jugar en las calles o interactuábamos más con las personas que con un dispositivo. Fuimos materia cruda que tuvo la oportunidad de desarrollar, adaptar y/o mejorar las herramientas del siglo XXI para el bien.

A pesar de que sí, hay gente que ha sabido usar las redes para influir positivamente, los usuarios hemos desviado el fin. Basta con que una persona comience alguna tendencia para que millones piensen que es fácil hacer lo mismo. Ahora lo que queremos es ser como lo que vemos en redes, y lo queremos conseguir lo más rápido posible.

Nos hemos vuelto ovejas. Hemos dejado que las tendencias sean quienes guíen nuestras vidas en vez de nuestras convicciones. ¿Cuáles son nuestras convicciones? ¿En qué creemos? ¿Qué sabemos respetar?

Nos burlamos de todo. Aprendimos a ridiculizar lo que sucede en el mundo con tanta “expertisse” que se nos volvió de alguna manera un tipo de reflejo el satirizar las noticias cuyo impacto merecía respeto en vez de burlas.

¿Qué futuro nos espera si lo que mejor sabemos hacer es quitarle la importancia a los hechos? Ya nada es sagrado, ya nada se puede salvar. No respetamos la religión, los hechos que marcaron el mundo, las personasEl mundo actual cree que porque algo está expuesto, puede ser atacado o moldeado según lo prefieran.

Ahora bien, ¿qué podemos hacer?[…]