Mis demonios han vuelto.

Todo iba bien, perfecto, diría yo.

Después de tanto tiempo me empecé a sentir feliz, parcialmente completa, pero sobre todo estable. Estaba convencida de que mis demonios habían sido una etapa de mi adolescencia y que con la madurez que adquirí poco a poco habían quedado atrás, pero me equivoqué.

Mis demonios han vuelto, o tal vez jamás se fueron.

Poco a poco siento como todo vuelve a mi. La tristeza, el nerviosismo, la ansiedad, la falta de interés, pero sobre todo el vacío. Y la soledad… ¿Cómo olvidar a mi compañera de mil batallas? Es irónico, me parece, como es posible que una teniendo al mundo a su alrededor se pueda sentir tan vacía, sola e incompleta.

Ana y Mía han vuelto a tocar mi puerta.

Mis viejas amigas, ¿cómo olvidarlas? Si Ana no hacía bien su papel, Mía lo solucionaba. Pero la mayoría del tiempo Ana se destacaba. Y cuando se fueron no las extrañé, sin embargo ahora quieren volver sin ser llamadas, y aunque luche contra la idea de volver a dejarlas entrar, sé que encontraran la llave de emergencia en algún momento, o peor aún, derribarán la puerta sin previo aviso, permitiendo que otros demonios entren junto a ellas, y yo, sin fuerzas para seguir, simplemente les daré nuevamente la bienvenida a mi vida.

Y me lastimé otra vez.

Pensaba que me había superado a mi misma. Tener poco más de un año limpia me resultaba algo increíble y me sentía muy orgullosa de mi, pero ya no más. En un momento de tristeza y debilidad extrema, sentir la navaja rozar mi piel después de tanto tiempo, ver como salían puntitos de mi roja sangre poco a poco, y pasar la navaja una y otra y otra vez, me hizo llegar a ese punto de tranquilidad y calma que tanto me hacía falta, aquél punto en el que aunque esté consciente de que no se solucionará nada, logro sentirme aliviada.

Y nuevamente soy esclava de mi distorsionada y enferma mente. Y me veo caer, y sé que este hoyo será más hondo que el de la última vez.