Sobrevivir en un mundo de ciberriesgos

“El único ordenador seguro es el que está apagado”. Y ya si está metido en un bloque de hormigón, en una habitación sellada y rodeada por guardias armados, afirmación que atribuyen al experto en Seguridad Informática Gene Spafford, pues mejor que mejor.

Desde que llegó Wannacry a nuestras vidas y abrió telediarios, más de uno habrá sentido el impulso de apagar el ordenador y volver a la cueva. Pero no es una actitud realista en los tiempos que corren, claro. Ahora, que no hay empresa que se precie que no esté en plena Transformación Digital y que cada uno de nosotros lleva encima, como poco, un dispositivo conectado.

El miedo paraliza, inquieta y somete. Pero ese miedo, que produce la sensación de que nuestra dependencia de la tecnología nos hace vulnerables, no se combate con montañas de información que hay que consumir diccionario en mano, ni con artículos que son pura opinión disfrazada, ni con juicios de valor y gurús sentando cátedra.

El ransomware Wannacry fue un estupendo ejemplo de esto último: el ruido mediático superó los efectos reales del virus. En el transcurso de unas pocas horas, y según a quién leyeras, podías concluir que el negro de wasap se había colado en Telefónica, que era un ataque de andar por casa o que se avecinaba un apocalipsis mundial. Fue la demostración de que las amenazas a nuestra seguridad online preocupan, precisamente, porque siguen siendo “ese gran desconocido”.

Asumamos, por tanto, que nuestro mundo conectado es un mundo vulnerable, pero evitemos quedarnos en ese miedo que somete (buenísimo el análisis que en este sentido hace Antonio Rodríguez de las Heras en su artículo “Sin miedo”). Normalicemos tanto los riesgos, como las soluciones. Tomar conciencia del riesgo es el primer paso para una defensa eficaz. Pero de nada sirve la concienciación sin herramientas. Y ahí es donde todavía estamos fallando. Basta un simple repaso a las noticias de los últimos meses para ver cómo con sus titulares se está dibujando un Internet plagado de delitos, peligros y ciberdelincuentes. La amenaza tiene una presencia desmedida. Y eso es señal de que todavía no hemos interiorizado el mensaje y seguimos viviendo en pleno hype de la Ciberseguridad.

La otra cara del miedo, en cambio, no debería ser la inconsciencia. Mal vamos si seguimos sumando gadgets a nuestro día a día, deslumbrados por sus beneficios, sin preocuparnos (sin preguntarnos siquiera) por cuáles son sus riesgos. Todavía peor, cuando esa actitud se la legamos, además, a nuestros hijos. Esa inconsciencia es la que nos hace más vulnerables. Tenemos que optar, por tanto, por vivir sin miedo, pero con un uso consciente, informado y responsable de todos nuestros dispositivos conectados.

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