Sala de espera

anapupA
anapupA
Aug 25, 2017 · 2 min read

Estamos de paso en esta gran sala y entretanto las eventos nos suceden mientras esperamos por los mismos.

Esperamos por todo de manera cotidiana, esperamos para nacer, por el baño, el semáforo, la navidad, un cumpleaños, la escuela, el ascenso, el domingo, el aniversario, las personas, las señales, el amor, el autobús, un avión, el mundial, un orgasmo, un trasplante, el desenlace, una persona, la comida, el drive thru, la paquetería, una saga, la quincena, el correo, la navidad, envejecer… y también esperamos a que todo pase.

Algunas esperas son más prolongadas que otras, qué va de la gestación de un can a la de un elefante, alrededor de veinte meses, de una fila para tortillas a una en el SAT? También hay de filas a filas, cabe destacar, no es lo mismo esperar para abordar un avión hacia la vacación que esperar por pagar la revalidación de placas, la licencia y otros hurtos … ah verdad? Una cosa es muy cierta, la burocracia se ha encargado de prostituir todo tinte romántico que pueda caber en la palabra espera; pero, ese aquí no es el asunto.

Salvo contadas excepciones toda espera se acompaña de ansiedad y de esperanza en el mejor de los casos; las esperas en la sala de la nostalgia suelen ser las peores, las más insípidas y seguramente de cualidad interminable.

Cuando esperamos vaticinamos sobre el desenlace, siempre hay una apuesta sucediendo donde se asoman nuestros deseos a través de un suspiro seguido un de ojalá, la esperanza nos abraza o nos despoja, nos alimenta, nos revienta y nos explota; es una aliada traicionera.

Cuando vamos a Waltmart por ejemplo, albergamos siempre la esperanza de que haya más de tres cajas abiertas, estacionamiento en el centro de gobierno, que no nos multen por estacionarnos en franja roja, que no se nos metan en las filas del banco, y así podría seguir citando esperanzas estúpidas, que no merecen siquiera medio ojalá. Pero otras veces fincamos nuestros deseos en situaciones que ni a fuerza de repetición le llega a los talones a una vaga esperanza, hasta eso se separa, hay de esperas a esperas y de esperanzas a esperanzas.

En algunos casos no queda más que orar, poner todo en otras manos y esperar, pero en esta sala no esperamos, en esta habitación practicamos la esperanza en que en “un de repente” abran la puerta y que con una mirada reprobatoria los escoltas de blanco nos bajen de la cama; esperanzados en un OJALÁ de ver entrar como reina de la primavera en camilla a la matriarca con una faz airosa de que se la “haya pelado” su novena intervención.

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