Pablo Arévalo, el pianista exquisito, tímido y lúcido, murió el 25 de abril de 2014 en un silencio más grande que la discreción con la que vivió su vida. El casi absoluto mutismo de los medios –que habían documentado su carrera como solista y acompañante de Martha Senn– y el de su propia familia –que no quiso poner una esquela funeral en el periódico porque “era muy costosa”– parecieran repetir la historia de tantos artistas que, pasada una gloria efímera, momentánea, se hunden en el olvido de la vejez. Pero Pablo era una figura muy atractiva, un niño tímido que se convirtió en músico y un brillante concertista a pesar de sus vacilaciones; un profesor y un conversador cultísimo que coleccionaba patos disecados y tallas quiteñas; un católico devoto de la figura del Divino Niño del 20 de Julio; el organizador de recitales avant-garde que vivió atrincherado en una casa del barrio Santa Fe rodeada de prostíbulos.

http://www.elmalpensante.com/articulo/3294/retrato_de_un_timido_audaz

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