No es mío. Aunque piensa igual.

— — — — — — — — — — — — — — — — — — -La guerra a tu guerra

Culpo al desierto por las tormentas y al suelo firme por los naufragios.

Culpo a los tesoros en el fondo del mar porque nadie los ha encontrado.

Culpo a la luna por lo que muere y al sol por lo que no nace.

Culpo al diablo que sopla el fuego y al niño que lo genera. Porque se saben dios.

Culpo al destino, al destiempo, al deseo.

A las estrellas, a las semillas, a las batallas.

A lo de siempre: a la comedia, al terror, al drama.

A lo de nunca: al dos más dos es cuatro y al un dos tres por mí.

Culpo a la jaula y al oro. Al famoso futuro fantástico y falso.

De cielos que nunca atravesaste para ser huracán en el país de los enfermos de locura que escuchaban música y bailaban.

Culpo a la memoria, a la euforia. A la escapatoria ilusoria.

Culpo a la cobardia, a la rebeldía y a cada página arrancada de la historia.

Culpo a los ojos que se abren para llorar y a los sueños que se mueren de pereza, como frutos podridos en el suelo de una selva.

Culpo al tiempo que despeina desengaños y al amor que nos trata a todos como extraños.

Culpo a mi piel que da y quita, que une y separa. Que se quema y se cura y me guarda.

Cupo a la culpa que me desnuda y que soborna a mis demonios para que levanten laberintos y vuelen sobre mi cabeza sin dejarme respirar.

Culpo a lo que no te vas a ahorrar: explicaciones, tentaciones, decepciones.

Culpo al orden del desorden y a la energía del caos.

Culpo a la sangre que te regó los miedos. A las ventanas y a tus hermanas.

Culpo a las coincidencias, los accidentes, los abismos. A todo lo que culpan todos.

Dos carcajadas y medio llanto después, culpo al absurdo y al ridículo.

A la risa contagiosa y al vacío de cinco letras y un refrán al sur del mundo.

Porque nada iba a ser y fue, todo es ganancia sin garantía.

Y entonces:

Que dejes en paz el sentido y le hagas la guerra a tu guerra.

Que te hinches de alegría como madera húmeda y abandonada.

Que elijas el rumbo pero no el paisaje. Que llueva.

Que te pierdas en las fronteras y tu mirada te traiga de vuelta.

Que las caricias te dejen cicatriz y que el amor te deje entero.

Que rompas espejos y esperes milagros.

Porque si todo es azar, el juego ya está acabado.