Sentí colores verdes mezclados con amarillos. Salió solo una lágrima completamente segura de sí misma, sin necesidad de que otras la acompañaran, resbalando muy lento, discreta, sin llamar la atención.

Justo cuando llegó al corazón vi los colores más brillantes y sentí que latía fuerte. Es aquí donde tengo todo. Me dieron ganas de sanarlo, de dejarlo descansar.

Sentí como volteaba a verme con una mirada compasiva diciendo «pobre, no sabe nada, quiere controlar esto» y no supe qué decir, no dije nada.

Me preguntaron « ¿qué tenías el fin?», me dieron ganas de confesar en la sala delante de cuatro extraños, que te tenía a ti, que no podía concentrarme porque estuviste instalado en mi y cuando logré sacarte caminabas a mi lado.

Pero no lo hice e inventé un par de excusas. Mi mirada se cruzó con el guía y sentí que él sabía, que se había dado cuenta de nosotros y que no juzgaba nada. Quería correr a abrazarlo, llamarlo cómplice para dividirnos el peso entre tres. De alguna manera le pasé un poco del mío y mi corazón, aún viéndome sarcásticamente, descansa un poco.