Tu propuesta, como todas tus propuestas es difícil, una carga pesada que sostengo con una mano mientras me detengo de las cadenas con la otra.

He comprobado que no puedo pronunciar palabras condicionadas por ti, para bien o para mal.

Todas viven en la punta de mi lengua, esa misma que besa tu boca, que toca la tuya. De alguna manera te he dado todas las palabras.

Hay rojos, hay trenes, países y casi acantilados que he querido gritar más de una vez.

Tus tres razones son las mías y nada me atrae más que tomar el poder que me das y aventarlo a la ruleta.

Me pongo la máscara pero cuando me veas, cuando te preguntes, piensa que estoy gritando todo.

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