Ya no es orgullo, ni miedo, ni esperanza.
Eres solo tú, todo envuelto en ti.
Siento una fuerza que pasa unos segundos haciéndome temblar, empieza en los brazos, los calienta, respiro y se va al pecho, al corazón.
Se me va la respiración, no me alcanza, las bocanadas de aire que necesito para mantenerme cuerda no caben y me mareo. Cierro los ojos para concentrarme y lloro con ojos apenas húmedos, las lágrimas se adueñan de la garganta, se hospedan ahí, a escondidas, amontonadas.
Las piernas se contraen para cerrarle la puerta a los pies que buscan huir, que llevan meses planeando escapar. Y tiemblan, tiemblo toda, me haces temblar, cerca y lejos.
El corazón estalla, la respiración se vuelve más rápida, más pesada, más difícil. Innecesaria. Sin sentido.
Los ojos cerrados y todo otra vez.
Todo en mi es automático cuando se trata de Ti.
Perdida de control, cuando todo se había calmado, pasaron los viernes y pasaron las cosas.
Tu boca a un centímetro de la mía y ya te siento, tus tiempos, las mordidas, las risas y el deseo oculto de todos. Besos que se divierten sin nosotros, buscando estar solos.
Y ahora, un ardor lineal cuando dices algo que no me gusta, (todo).Un golpe en el estómago.
Sentirte, saber que me sientes.
La búsqueda continua de nuestra máquina del tiempo.