Lluvia

Bueno queridos lectores, me gustaría presentarles un tipo de texto diferente a ver qué opinan al respecto. Ya he implementado subir este tipo de textos en otras plataformas como Wattpad y realmente a la gente le gusta. Espero que sea de igual manera con ustedes. Gracias por leerme y no se olviden de comentar, amo leer sus criticas sean buenas o malas, es un privilegio saber lo que piensan y realmente me ayuda mucho a seguir escribiendo. Gracias de nuevo! Acá vamos.

Sonó el timbre de salida y me levanté automáticamente de mi banco. Fue un día escolar exhaustivo y realmente sentía ganas de llegar a mi casa y dormir hasta la cena. Mi estómago rugió haciéndome caer en cuenta de que tenía que cocinar al llegar, ya que hoy mi mamá iba a trabajar hasta muy tarde.

A dos cuadras del colegio me cayó la primera gota en el hombro haciéndome mirar hacia el cielo. No había ni siquiera un espacio en azul o celeste, todo era gris. Esos grises que deprimen hasta al más optimista, de ese color estaba el cielo.

Me moví más rápido, lo último que quería era llegar empapada, y todavía me faltaban 5 cuadras.

Empecé a correr, pero fue en vano, al minuto el cielo se hacía con una tormenta de luces y estruendos. Me paré a observar, ya estaba mojada de pies a cabeza así que qué más daba.

Siempre me había gustado observar las tormentas, aún más si eran eléctricas. Me fascinan. Siempre me distraen de la realidad, me llevan a otro mundo. Son mi escape de la vida monótona que llevo.

Entre intervalos de 20 segundos aproximadamente hermosos rayos iluminaban el cielo atravesando la gruesa capa de nubes negras que parecía impenetrable. Era realmente hermoso de admirar, algo que te hacía preguntar hasta qué punto era capaz de crear imágenes admirables la naturaleza misma.

Una bocina de un auto me hizo salir de mi ensimismamiento y mirar hacia el costado. Un vehículo azul venía hacia a mí a toda velocidad pero fui lo suficientemente rápida para reaccionar y tirarme hacia un costado para que no me llevase por delante. ¡Dios santo! Eso había estado cerca. f

Después del casi-accidente con el auto azul, llegué después de 5 minutos trotando sin distraerme en el camino con el hermoso show que me ofrecía el cielo.

Abrí la puerta, me saqué las zapatillas y las dejé en el jardín delantero para entrar y correr hasta el baño, no sin antes patinarme en el escalón de la entrada al hall y caer de bruces al suelo.

Sin mirarme siquiera al espejo me saqué el uniforme empapado y lo tiré en el piso para meterme en la ducha, el agua caliente me destenso todos los músculos del cuerpo, y por un instante casi nulo me hizo olvidar el día horrible que venía llevando.

Salí de la ducha, me envolví en una toalla y me encaminé hacia mi cuarto. Una vez ahí agarre mi ropa interior y me la puse, cuando me estaba por poner una remera noté un corte en mi vientre, tenía un largo de 12 centímetros y me dolía al tacto. Parecía cicatrizado por fuera pero por dentro no, como si lo hubiesen querido tapar con una capa superficial de piel solo para que se hiciese más bonito a la vista. Me alarmé en el segundo en que una punzada de dolor en la zona del corte me hizo doblarme hasta sentarme en el piso. Tras pasar 15 minutos respirando entrecortadamente me levante agarrándome del borde de la mesa de luz de mi cuarto, y me senté en ella. Era increíble lo que dolía eso, y realmente no tenía ni idea de cómo me lo había hecho. A demás, la herida no estaba abierta, al contrario parecía una cicatriz sanada hace años.

Tomé la caja de analgésicos, metí dos en mi boca y los tragué con un vaso de jugo. A la media hora el dolor cesó.

Me propuse juntar la ropa mojada del baño y meterla en el lavarropas, y en el mientras tanto secaba la sala y todo lo que mojé al pasar por esa puerta, empapada.

Después de colgar la ropa cerca de la estufa, en el tender, me encaminé de nuevo a mi habitación por las escaleras y me recosté. Toqué por arriba la cicatriz e hice una mueca de dolor. ¡Dios, cuánto dolía eso! Cerré los ojos intentando no pensar, y al cabo de unos minutos caí en la inconsciencia.

Me desperté con el ruido de unas llaves, abrí los ojos y me sentí automáticamente fuera de lugar, como si en verdad no conociera nada de lo que me rodeaba. Quise reclinarme en la cama pero el dolor abdominal era insoportable, estiré la mano y agarré mi celular para ver la hora, 6:30 p.m. Mamá ya debía haber llegado del trabajo. Hice de todas mis fuerzas y me levante a regañadientes de la cama, me costaba caminar.

Al pasar por el espejo me detuve porque algo había llamado mi intención de muy mala manera. Anonadada, u horrorizada, mejor dicho. No daba crédito a lo que mis ojos estaban registrando en el espejo. Mi piel estaba pálida y parecía tener tonos grises en diferentes partes del cuerpo. Las venas de mis brazos parecían hinchadas y más coloridas, tal como las enormes ojeras color violeta que enmarcaban mis ojos. Mis labios carecían del color bordó natural que los caracterizaban y los hacían peculiares, estaban tan pálidos como todo mi cuerpo. Tenía moretones en las piernas y rasguños que ardían en las palmas de mis manos y en todo el cuerpo. De repente me entraron unas horribles ganas de llorar, me moví lo más rápido que me permitió mi cuerpo y bajé las escaleras y divisé a mi mamá de espaldas en la cocina, colgando su abrigo de una de las sillas de la mesa principal.

-Mamá gracias a Dios estás aquí- dije yendo hacia ella. Tenía disfonía, mi voz carecía de emoción o alguna tonalidad.

Mi mamá ni siquiera se regresó a mirarme, ni me respondió, nada. Qué raro. Insistí.

-Mamá no sabes lo que me está pasando, en serio necesito que me ayu — me congelé automáticamente cuando quise tocarle el hombro y mi mano pasó a través de ella como si su cuerpo fuese agua.

Me entró la desesperación y empecé a gritar.

-Mamá! Dios mío, mamá!- intenté tocarla pero mis manos pasaban por ella, sin tocarla. Ella me ignoraba totalmente.

Esto no tenía sentido, realmente no lo tenía.

De repente sentí la boca seca y se me nubló la mirada.

Me moví sosteniéndome el vientre como si estuviese sangrando, aunque no lo hacía, hacia un rincón de la cocina y me senté ahí.

Las lágrimas se me escapaban sin remedio mientras que veía como mi mamá sacaba su celular de su cartera y con el ceño fruncido marcaba algo en el antes de llevárselo a la oreja con la misma expresión preocupada en sus facciones.

Repitió el proceso varias veces, hasta que calló rendida en una silla y se tiró del pelo con sus manos, frustrada.

Un par de lágrimas cayeron por su cara cuando se quedó mirando la pared con la mirada vacía.

Yo me sentía volátil. Sentía que ahora mi cuerpo era liviano. Que si quisiera, podría volar.

Me sentí así por varios minutos mientras veía a mi mamá en esa silla, llorando, lamentándose por algo que yo no lograba entender.

Sonó el timbre, me quise mover y para mi sorpresa mi cuerpo se movió con agilidad, y hasta con facilidad. Estaba caminando pero me sentía en el aire, flotando sobre el suelo.

Ella se levantó apresurada, se secó las lágrimas y fue a abrir la puerta, yo fui detrás de ella, pero para variar, nunca se percató. ¿Qué le pasaba?

En la puerta se encontraban dos policías, uno rubio, de estatura mediana, con ojos color miel y una mirada penetrante. El otro era alto, de tez morena y ojos color verdes como la esmeralda.

Mi mamá los miró desconcertada, como yo lo hice.

-Disculpen, en qué puedo ayudarles? — les preguntó apresurada, desconfiada.

-Señora Woodley? — Preguntó el alto.

-Sí, soy yo.

-Venimos a comunicarle una noticia reciente que no será de su agrado. Lo sentimos mucho. –Ambos la miraron a los ojos y se sacaran sus gorras en movimientos simultáneos, como si fuese una puta escena ensayada.

Mi mamá los miró por unos segundos antes de mirar hacia adelante, a ningún punto en concreto, su mirada era indescifrable, pero sus labios formaban un notable puchero. Está bien, no era notable para nadie, ella sabía fingir bien, pero yo la conocía. Estaba por llorar.

Me metí en la conversación.

-Miren caballeros si esto es una broma, es de muy mal gusto. Así que, ¿pueden retirarse por favor? –Expresé eso bastante exaltada. Jamás podría haber pasado por alto un comentario con tal volumen, pero nadie me miró, nadie movió un pelo.

Ahí comprendí que algo iba mal. Muy mal.

-Que quieren decir? –Musitó mi mamá casi sin voz.

Esta vez fue el rubio quien habló.

-Su hija tuvo un accidente de tránsito cruzando la Av. Seleplazar. Al parecer el conductor no se hizo cargo de los cargos que tendría como consecuencia y llevó el cuerpo aún con vida, de su hija, a un callejón cercano para dejarlo a su suerte.

Sus ojos empezaron a derramar lágrimas a borbotones y yo me paralicé. ¿Qué estaba diciendo este hombre? Yo estaba justo aquí, detrás de ella.

-¿Cómo que a-aún con vida? ¡¿Está viva?!-ella se acercó peligrosamente al rubio y lo miró, llorando, con los ojos llenos de furia. Empezó a golpear su pecho mientras gritaba ‘’ ¡¿Dónde está mi hija?! ’’

El policía la detuvo tomándola de las manos y le pidió por favor que se tranquilizara. Procedió a hablar.

-En ese momento, el cuerpo tenía vida. Su cuerpo sufrió golpes superficiales, rasguños leves y demás, salvo por un gran pedazo de vidrio procedente del parabrisas del auto, que quedó incrustado en su abdomen. Si el conductor la hubiese llevado a emergencias en el momento, no sería demasiado tarde. El cuerpo lo encontró un vagabundo hace unos 20 minutos. Según los médicos de guardia murió hace una hora aproximadamente, pero llevaba desangrándose desde las 12:30 del mediodía. Lo sentimos mucho señora Woodley, realmente esto se podría haber evitado. Respetaremos si quiere privacidad, no la llamaran a realizar el reconocimiento en la morgue hasta la semana que viene.

Mi mamá paró de llorar. Miro sus caras, asintió, perdida, y cerró la puerta. Se deslizó hasta el piso y empezó a llorar desconsoladamente.

Y yo corrí a buscar la ropa húmeda al tender, sabía que estaba ahí, yo la había colgado cuando llegué a casa.

¿No es así?…

Al llegar al tender, estaba vacío. Nada estaba colgado ahí.

‘’Fui lo suficientemente rápida para reaccionar y tirarme hacia un costado para que no me llevase por delante.’’

La realidad me cayó en la cara como un balde de agua fría, empecé a temblar y maldije por lo bajo.

-Malditas tormentas. Siempre me distraen.

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