¿Qué hacer para cambiar Andalucía?

Una lectura desde una perspectiva transversal

Andalucía es una tierra singular, con peculiaridades propias que van desde lo cultural hasta lo económico, desde lo antropológico, hasta lo sociológico. Somos diferentes en la diversidad y así también, hemos leído los procesos de cambio a lo largo de la historia. Con nuestras propias singularidades.

Buena parte de las posibilidades políticas que nacieron después de la irrupción popular de Mayo de 2011 parte de la oportunidad de crear una nueva frontera política –la brecha entre el país oficial y el país real, las élites frente a una mayoría social, los de arriba frente a los de abajo, el 1% frente al 99%- que hace posible disputar a los sectores dominantes referentes simbólicos decisivos como la democracia, el patriotismo, la defensa de la institucionalidad, la decencia y el propio sentido común, es decir, permite presentar un proyecto político que se base en el interés general de una nueva mayoría-la base de cualquier disputa por la hegemonía-.

La nueva frontera política se construye a través de la narración de una ruptura que se materializa en forma del incumplimiento de un pacto social que de alguna forma reinterpreta el relato oficial –y el relato izquierdista- sobre la transición democrática. El régimen del 78 se habría fundado sobre un pacto por el cual la ciudadanía habría aceptado el imperfecto nuevo orden político con todos sus deberes y obligaciones -trabajar duro, pagar impuestos, votar a determinados partidos, apretarse el cinturón etc.- a cambio de una gestión pública que contribuyera a un bienestar colectivo creciente. De esta forma, la gestión de la crisis por parte de los sectores dirigentes, que antepusieron sus intereses personales y sectoriales al bienestar colectivo -con la corrupción como máxima expresión- puede presentarse como el incumplimiento de un pacto sagrado. Esto inhabilita a los sectores dominantes para seguir conduciendo el país al mismo tiempo que evidencia la imperiosa necesidad de construir un nuevo pacto social dado que el anterior ha sido “roto desde arriba” -esto es, proponer un nuevo proyecto de país, un horizonte colectivo para la mayoría, refundar/construir un pueblo-.

Adviértase la diferencia con el relato de la izquierda clásica, en el que la forma narrativa es la de una traición: un pueblo ejemplar movilizado en la lucha antifranquista y la conquista de las libertades es pronto engañado y traicionado por unas élites que construyen un sistema político escasamente democrático contra el cual es preciso resistir.

En Andalucía, el mismo partido lleva gobernando desde la transición. Más de 40 años de régimen propio y con arraigos especiales que hacen que el relato del bipartidismo, por ejemplo, no pueda trasladarse más que apelando a la realidad del estado y no propiamente a la realidad andaluza. Al mismo tiempo, los 40 años de gobierno del PSOE-A son entendidos en su conjunto como un tiempo en el que se han materializados avances en modernidad y democracia (ojo que aquí hablamos de percepciones y no necesariamente de realidades puesto que vemos como Andalucía sigue ocupando las posiciones de cola en muchísimos indicadores sociales) y por lo tanto una estrategia de impugnación a la totalidad y apelaciones al pasado en tono de revancha se convertirán en un intento inútil para socavar la subjetividad construida durante todos estos años que, nos guste o no, tiene una solida base y hará que la propuesta contrahegemónica quede en el (cómodo) rincón del tablero lleno de soflamas izquierdistas al tiempo que inútiles. Ese tipo de relatos terminarán favoreciendo al ala derecha de la sociedad que podría tener la oportunidad de gobernar en Andalucía ante una nula alternativa al PSOE de Susana Díaz.

Desde una visión transversal tenemos claro que el PSOE-A ha sido una fuerza parasitaria para Andalucía en términos objetivos, ya sea por acción u omisión pero proponemos hacer concesiones discursivas para poder tener eco en una mayoría social que le reconoce méritos antes que darse golpes de pecho que solo contentarán a una minoría militante ya convencida. No se trata de alabar al PSOE-A, se trata de reconocer que hizo avances pero señalarlo como incapaz de conducir el tiempo nuevo porque hubo un momento en el que dejó de pensar en la mayoría y se dedicó a beneficiar a los suyos con múltiples casos de corrpción. En cada ciudad o pueblo esto podrá ser distinto puesto que el PSOE ha sido capaz de presentar distintas caras en distintos sitios por lo que la contraofensiva debe ser también distinta.

En esa tesitura, la militancia de las posiciones transversales que carezcan de formación política pueden verse atraídos por posiciones derechistas dañinas. Ser transversal en ningún caso significa repudiar a la tradición de la izquierda. Planteamos una forma de aprender de ella sin caer en sus errores. Aspiramos a una Andalucía nueva pero que no sea un mero recambio de lo existente. Queremos una Andalucía nueva que pueda servir para un cambio más global desde las ciudades del cambio, desde los movimientos altermundistas que luchen contra el neoliberalismo que otorga el poder a los bancos a cambio de someter a la gente.

La única fuerza política, desde posiciones progresistas, que puede hacer un peso contrahegemónico al PSOE-A es Podemos (o Unidos Podemos si asumimos la más que probable alianza cuando menos electoral entre la formación que dirige Teresa Rodríguez e Izquierda Unida). Sin embargo, hasta el momento Teresa Rodríguez y su equipo se han caracterizado por llevar un discurso mucho más cercano a posiciones izquierdistas que a posiciones de amplias mayorías que puedan disputar el poder al PSOE-A. Esto es debido en parte a la gran contradicción que la líder del partido debe conducir pero también se debe a la propia capacidad de su figura que ha construido en torno a símbolos poco aglutinantes como el jornalero y la lucha campesina cuando una amplia mayoría de Andalucía ya es urbana y no quiere verse reflejada en ese icono o en torno a donación de salarios que aunque puede ser visto como un buen gesto no es suficiente para plantear una alternativa creíble para ponerse al frente del gobierno de Andalucía.

Teresa Rodríguez apela siempre al movimiento popular y dice que sin movimiento popular no habrá cambio. En parte esto es cierto, pero ella olvida que el movimiento popular es intermitente y dialéctico. Intermitente en el sentido de que es imposible mantener a una sociedad en continua movilización y dialéctico en el sentido de que la movilización requiere de liderazgos creíbles que sostengan e ilusiones en esa movilización. En este sentido Teresa Rodríguez es un liderazgo débil para un proyecto contrahegemónico pues no refleja un proyecto creíble para otra Andalucía posible y por lo tanto no mantiene una movilización que pueda basarse en unas orientaciones discursivas sustentadas en la épica y la ilusión.

Toda vez que la herramienta que podría dirigir un proyecto contrahegemónico está dominada por posiciones izquierdistas tanto en Andalucía como en España ¿qué pueden hacer las y los militantes que quieran construir una alternativa transversal para Andalucía? La respuesta no es sencilla pero apuntamos aquí algunas alternativas que creemos que deben ponerse sobre la mesa:

  • Construir y reforzar liderazgos transversales locales. En aquellos sitios donde existan órganos de dirección que sean transversales hay que poner el máximo empeño en reforzarlos, apoyarlos y formarlos.
  • Establecer lazos y contactos con la sociedad civil fuera de Podemos. Debido a la deriva izquierdista del partido, hay mucha gente que en un principio se acercó a Podemos y que ha quedado desencantada pero que también están desencantada con la deriva del PSOE y especialmente con el PSOE de Susana Díaz. Es importante establecer lazos con estos sectores para un posible cambio de rumbo de la dirección.
  • Trabajar en los movimientos sociales y comunales. Siempre hay espacios de socialización en asociaciones de vecinos/as, AMPAs, ONGs pero también en lucha por los derechos de las personas vulnerables, en defensa de una vivienda digna, medio ambiente, ciudades y pueblos habitables, feminismos, tecnología libre,… en estos espacios se debe trabajar principalmente con la visión de que esos espacios son autónomos y en ningún caso se debe participar en ellos para “evangelizarlos” (como suelen hacer, por ejemplo, desde el PCE o IA) y al mismo tiempo se debe trabajar con una visión de conjunto que no se quede solo en la problemática particular, sino que mire con una perspectiva más global.
  • Preparar un programa alternativa para Andalucía. Hacerlo tejiendo lazos con los actores antes mencionados y siempre con una perspectiva de construcción de discurso a medio plazo, es decir, no se trataría de una simple enumeración de medidas, se trataría de seleccionar algunas de esas medidas para hacerlas coherentes con un discurso creíble.
  • Avanzar en los niveles de formación política. Si por algo han ganado posiciones de poder las personas que desde perspectivas izquierdistas militan en Podemos provenientes del PCE o de IA es por su alto grado de formación política. Izquierda Anticapitalista era un grupo ultraminoritario de la izquierda radical pero que tenía un alto nivel de formación política. Desde cómo intervenir en una asamblea, hasta cómo negociar posiciones en una lista pasando por un fuerte conocimiento de teoría política marxista les permite operar dentro de Podemos con mayor facilidad frente a gente que venía de ser “gente normal haciendo política” sin pasado militante ni activista y que se sintió atraído por el discurso transversal. Es momento de aumentar la formación de la militancia transversal. Es imprescindible la lectura, los talleres de debate y los encuentros formativos.

La tarea que queda por delante es dura y compleja. Con las actuales direcciones estatales, autonómicas y en muchos casos también locales, el proyecto transversal carece de fuerza dirigente dentro del partido al contrario de lo que que sucedía hace unos años y que tuvo fuerza entre los 5 millones de votantes que mayoritariamente son votantes del discurso transversal. De todos modos, no hay otro horizonte que permanecer atentos/as a los acontecimientos pues la tensión territorial en Cataluña así como los brotes de ilusión que Pedro Sánchez ha levantado y que pueden ser frustrados como ya hiciera ZP, pueden hacer volver a abrir la ventana del cambio que ha sido cerrada, al menos momentáneamente, por unos dirigentes que dijeron querer hacer algo que en realidad parecen no querer: construir una nueva mayoría para un país y una Andalucía nuevos.

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