¿Día normal en el Metro de Caracas?

Es una tarde común, en un día común de Caracas. Todo desorganizado tal cual piezas de lego, piezas que formaron alguna vez algo grande, bien hecho. Sin embargo, llegó un niño destructor con ideas poco claras, lo desarmó y lo dejó así. Ahora caminar por Caracas es como caminar en una habitación llena de legos regados por todas partes. Lo más seguro es que te lleves molestias.


En fin, para gracia eterna no es uno solo el que camina. También camina otra gente. Gente de todo tipo, con tantas actitudes como posibilidades. Entré en el metro, ese lugar hostil que muchos debemos usar a diario. Siempre con mis audífonos puestos y a tope, evitándome conversaciones incómodas, y también, ser parte oyente de las conversaciones -que no me interesan- de los demás.

Veo que pasadas tres estaciones (y también pasado el susto de unos “jovenes” mal aspecto que venían atrás mío) empiezo a notar que el ambiente en el vagón en el que voy se empieza a caldear un poco. Yo estoy ahí, como un gato observando todo. Un tipo empieza a alzar la voz y en consecuencia, todo el mundo lo ve (incluyéndome). Pause a la música para escuchar lo que decía. Cabe destacar que no era un tipo pidiendo dinero con el jean remangado en una pierna para que vean el tatuaje, digo, para que vean la rara enfermedad que le afecta (todos sabemos que su rara enfermedad es consumir piedra, pero él cree que nosotros no lo sabemos). Era un tipo que se había montado hace dos estaciones, para usar su servicio público normal. Empieza a alzar la voz y habla con un tumbao que todos conocemos. Escucho y era formándole un problema a otra persona, que no supe reconocer, decía:

Ah, pero al negro de al lado sí no se lo haces ¿No? Cagado. Abusador. Deberíamos caerle a coñazo entre todos.

En fin, el parloteo duró alrededor de 30 segundos, porque el tipo se bajó en la siguiente estación mirando con rabia a la persona a la que le formaba el lío. Tenía el beneficio de la duda, de si era realmente la estación en la que se bajaba. O se quiso pasar por heróe anónimo venezolano, excepto por la parte de caerse a golpes.

La cosa es que después de que el tren siguió a la próxima estación, dejando al parloteador, la cosa fue motivo de risas unas señoras (no muy mayores) decían:

Yo sí le meto su coñazo, para que aprenda.

La otra en el mismo grupo le respondía:

Yo también. Le doy su codazo. Jajajaja.

Otras personas se reían y comentaban al respecto. En fin, yo ahí viendo como todo el mundo charlaba acerca del tema, y enfatizo, se reían.

Enfatizo porque aquí todo es un chiste. De todo nos reímos, seguro hoy sacan un meme de Maduro bailando con Cilia. Porque es normal tomárselo con chiste. Ahora ¿Es algo bueno? ¿Es gracioso este tipo de cosas? Lo pregunto porque quiero saber si soy el raro al que no le da risa.