Parte de mi historia

Crédito: Luis Othón

Antes de empezar a compartirles lo que me ha ayudado a superar, mejorar y tener una mejor calidad de vida, quiero contarles parte de mi historia.

El primer recuerdo que tengo de mi infancia es un viaje a Disney, tenía 5 ó 6 años. No tengo recuerdos del viaje en si, pero si de la preparación. Mi mamá estaba enferma de cáncer y por eso nos llevaban. Recuerdo que hicimos un calendario para ir tachando los días que faltaban para ir, eso era lo que más me emocionaba.

No me acuerdo bien que fue específicamente lo que causo la enfermedad de mi mamá en ese momento, si fue el cáncer o el nacimiento de Alejandro, mi hermano menor.

Mis recuerdos a partir de ahí son siempre de cuidar a mi mamá. Entre el cáncer y sus convulsiones repentinas, tuve que aprenderme mi dirección desde los 7 años, porque de vez en cuando tenía que pedir una ambulancia.

Mi mamá había tenido una calentura muy fuerte cuando estaba pequeña causando en su cerebro una fisura, la cuál en estados de mucho estrés se le inflamaba el cerebro ocasionándole convulsiones. En estos episodios, ya sea mi hermano o yo éramos los responsables de cuidarla y darle su medicina, si esto no funcionaba comenzaban las convulsiones. Mi trabajo era hablar a la ambulancia y rogar que no se tardara tanto como siempre. Cada vez que esto pasaba me daba miedo quedarme sin mamá.

Otro parte importante de mi vida fue Alejandro, mi hermano. A los 6 meses de embarazo de Ale, mi mamá tuvo una convulsión muy fuerte causando que se bronco aspirara. Esto afecto directamente a mi hermano, que se quedo sin respiración por unos segundos.

Al nacer todo parecía perfecto, era un niño sano, pero con el tiempo mi mamá comenzó a notar una serie de movimientos extraños, Ale movía su cabeza constantemente de manera corta y rápida; resultando así con un diagnóstico de parálisis cerebral.

A partir de aquí mi vida cambio. Todo era entorno a Ale y para que el tuviera lo mejor; doctores, terapias constantes, operaciones, tratamientos, etc. Mi mamá y papá hablaron con mi hermano mayor y conmigo. Nos explicaron que nos querían a los tres por igual pero que Ale necesitaba más de nuestra ayuda.

Hicimos un equipo. Junto con mi mamá aprendí a hacer los materiales de las terapias, y en vacaciones iba a los centros para aprender a hacerlas y trabajarlas con Ale. A pesar de entender esta etapa, empecé a enfermarme de manera constante. Esto lo entendí hasta hoy en día, todo era psicosomático.

Mi mamá estaba decidida a que Ale saliera adelante, logrando un gran avance en su desarrollo. Ella era educadora de ahí su gran creatividad y entrega hacia Alejandro y a todos nosotros. Siempre supo como manejar tanto su enfermedad como la de Ale. Esta fue la raíz de mi pasión por la educación y por ayudar a los demás.

Estábamos bien, a pesar de la enfermedad de Ale y de lo que la gente podría pensar como una vida difícil, éramos una familia feliz. 
Hasta que falleció Ale.

Todo fue demasiado rápido y difícil. Yo tenia 10 años, no había ido al colegio ese día por un dolor de estomago, que realmente lo había exagerado para no ir. Y doy gracias que así paso, pues así pude ayudar y estar con mi mamá en ese momento.

Me levante a las 6:30 de la mañana y fui al cuarto de mi mamá, ella me dijo que no levantara a Alejandro, que lo dejara dormir un poco más, ya que su terapeuta iba a llegar a las 7am. Baje al cuarto de mi hermano mayor a ver la tele y cuando vi que eran las 7 decidí subir para ayudarle a mi mamá a preparar a Alejandro.

Me acerque a su cuna y me di cuenta que no se movía, le dije a mi mamá y se levanto corriendo, lo saco y me pidió que le hablara a la ambulancia.

A partir de este momento todo paso muy rápido, viví situaciones muy fuertes, una de ellas fue cuando vi a mi papá llorar por primera vez. Otra cuando en el cementerio bajaron la caja de Ale hacia la tumba y le aventamos flores. Lloré mucho, no podía creer que nunca mas lo iba a ver. Saliendo de ahí nos fuimos mi mamá y yo juntas en un carro y nos abrazamos todo el camino.

Esta etapa ha sido una de las más fuertes en mi vida. Me toco todo a mi, todo el proceso; y a partir de esto comencé a ver el mundo de otra manera.
A mis 10 años ya me sentía más grande que mis amigas. Sentía que muchas cosas no valían la pena y comencé a separarme de muchas de ellas para hacer amigas más especiales.

Después de la muerte de Ale, mi mamá se volvió a enfermar, le regreso el cáncer, ahora de mama y en la glándula suprarrenal. Luchó muchísimo, pero cuando falleció su papá, tres años después de la muerte de Ale, ella recayó. Un año después falleció. Otro de los peores días de mi vida, quedarme sin mamá.

También lo recuerdo muy bien. Había estado mal desde navidad y mis papás decidieron que nos fuéramos a vivir a casa de mi abuela, así mi papá estaría más tranquilo cuando se fuera a la oficina y nosotros al colegio. Duramos viviendo con mi abuela alrededor de 6 meses. Durante estos meses mi mamá entraba y salía del hospital. La última vez fue un viernes 9 de mayo.

Amanecí el viernes para ir al colegio; mi hermano mayor me despertó y me dijo que se habían llevado al hospital a mi mamá en la madrugada y como ya era normal no me imagine nada raro. Fui al colegio y en el recreo mi maestra me busco para decirme que mi mamá quería hablar conmigo. Me imagine lo peor, ya sabia que estaba pasando, pues a mi hermano le habían dicho lo mismo cuando había fallecido Alejandro.

Una maestra me llevo a casa de mi abuela, ya estaba mi papá esperándonos para hablar conmigo y con mi hermano. Nos dijo que mi mamá ya no pasaba del fin de semana. No recuerdo muy bien que fue lo que sentí.

Nos llevaron al hospital, pues mi mamá quería despedirse de nosotros. Primero entro mi hermano. Antes de entrar me dijeron que mi mamá ya estaba sedada y que no podía hablar pero que si me escuchaba, que tratara de no llorar para que no se pusiera triste. Entre y ella estaba acostada, con una cosa rara en la nariz para que pudiera respirar mejor. Me acuerdo que le dije que la quería mucho y nada más. Le agarre la mano y ella me la apretó. En ese momento me salí a llorar, no aguante más. No me gusto nada verla así.

Estuvimos todo el día en el hospital. Yo me quería quedar a dormir pero mi papá no me dejó. Me fui a dormir con todas mis primas a casa de mi abuela. Al día siguiente me despertó mi papá y me dijo que mi mamá ya estaba en el cielo. Lo abrace del cuello y empecé a llorar. Él me abrazo y después me dijo que tenía que arreglarme para todo el día. Me sequé las lágrimas y me fui a arreglar.

Nos quedamos un mes más en casa de mi abuela para después regresarnos a nuestra casa; fue difícil, ya que era volver a mi vida normal pero ahora sin mi mamá. Dormí una semana seguida con mi papá, no podía dormir sola.

A partir de ese momento deje de ser fuerte; me tarde 11 años en superar esto y en poder comenzar a vivir otra vez. Experimenté muchas terapias, psicológicas, experimentales y vivenciales. Hasta que pude salir adelante. Ahora lo recuerdo todo como algo triste pero no me impide vivir y ser feliz.

Algo que me ayudo a salir adelante y a superar esto, fueron las relaciones que tuve en esta etapa de mi vida. A pesar de mis esfuerzos por mejorar mi estado de ánimo, tuve varias depresiones, una de ellas muy fuerte a los 16 años. En ese tiempo fue cuando conocí a mi ahora esposo, un amigo que me hacia reír todo el tiempo. Era lo mejor que había pasado en mi vida. 
Él me saco de esta depresión y me volvieron a dar ganas de vivir. Me escuchaba cada vez que lloraba y me decía que siempre estaría ahí para mi, que siempre me iba a escuchar. Y siempre lo ha estado.

También la relación con mi papá me ayudo, mi relación cambió y fue evolucionando, pues después del fallecimiento de mi mamá nos unimos muchísimo, se volvió mi mejor amigo y mi confidente.

Por último, la relación conmigo misma mejoró, aprendí a escucharme, a entenderme y a luchar por lo que realmente quiero. Actualmente sigo en el proceso de encontrar mi éxito y mi felicidad. Todavía no llego a él, pero estoy segura que lo encontraré en el algún momento. Por mientras puedo decir que estoy disfrutando al máximo el proceso.

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