#Mi álbum de Libido favorito (en defensa de una gran banda)

Quería hacer este post para reivindicar el que me parece el mejor álbum de Libido (hasta ahora) y uno de los más importantes y underrated de la anterior década para el rock peruano. Es triste pensar que pasó totalmente desapercibido y que no repercutió en absoluto en la escena, desvaneciéndose su legado en el tiempo sin que ninguna otra banda o artista lo recoja.


Era 2005, Libido era una de las bandas más aclamadas y de mayor éxito del Perú. Acaban de terminar un contrato con una disquera transnacional (retirada del país como otras por la imparable crecimiento de la piratería), tenían miles de fans a lo largo y ancho del país y sus canciones formaban parte del imaginario popular del Perú jodido de fines de los años 90 y comienzos del nuevo siglo. Sus sencillos sonaban constatemente en radios de todo el país y podían darse el lujo de actuar con éxito para públicos tan diversos como los de Lima, Cusco, Tacna y Ayacucho. En fin, unas estrellas de rock peruanas, con mediáticas apariciones como ganadores de premios MTV, etc.

Este éxito se explicaba en gran parte por las pegajosas y originales composiciones de Jeffrey Fischman; baterista, hacedor de los hits más importantes de la banda y cerebro lider dentro de la dinámica del grupo. Sin embargo, esta dinámica llego a su fin cuando Jeffry decide alejarse de la banda, dejándola acéfala, pero al mismo tiempo con toda la libertad de tomar cualquier dirección artística que se les ocurriera al resto de integrantes.

Total que se contrató a un nuevo baterista y el bajista del grupo, Antonio Jáuregui, pasó a tomar la posta como principal compositor. Se fueron a Argentina para trabajar nuevamente junto a Tweety Gonzales (productor que para entonces había trabajado con Soda, Fito, etc.) y decidieron grabar algo que probablemente nadie esperaba. (Aunque para ser honestos, al momento de editarse el álbum no hubo polémica alguna, simplemente se le ignoró por completo, pero ya llegaremos a eso).

Yo no recuerdo haberme enterado demasiado del proceso creativo que dio como producto final un álbum que aún me parece un evento extraño, teniendo en cuenta el contexto en el que rock peruano se encontraba, pero viéndolo desde aquí imagino que se decidió tomar ciertos riesgos sonoros con la confianza de que el éxito hasta ese momento alcanzado no se desinflaría. Se equivocaron, al menos en parte.

Las diez canciones que conforman el álbum parecen de otra banda totalmente nueva. No se rescatan ni los arreglos, ni la tradición lírica (darks y críptica) de sus anteriores álbumes. Al contrario es una nueva y fresca propuesta por completo, todo nuevo, todo extraño. El primer track, ‘Lo último que hablé ayer’ (ya de entrada con título de sintaxis construida fuera de lo común) es prácticamente un carnavalito argentino, parecido a Cuando pase el temblor, con guitarras más rockeras pero de influencia marcadamente andina; cuando Libido jamás en su historia había hecho fusión alguna con ritmos y sonidos sudamericanos, al contrario, tenían bastantes referencias al trip hop y rock alternativo británicos a lo largo de sus álbumes anteriores. El segundo track, ‘Nicotina’ comenzaba con una progresión de acordes frecuentemente utilizada en los huaynos andinos peruanos, pasando luego al ska y, estrenando tendencias, a versos en inglés mezclados con la letra en español, algo inédito para la banda. Luego el álbum baja las revoluciones y continúa con canciones de excelente calidad, pero que seguramente también sonaron totalmente extrañas para los fans más clásicos. Se escuchan influencias de bandas como The Libertines tiradas al rock guitarrero y sin mayores complicaciones. Luego hay un par de baladas y más fusión con ritmos sudamericanos como la cumbia y en el el último track, nombrado «El Camino (Qosqo)», en referencia al nombre en quechua de la histórica ciudad de Cusco, irrumpen sorpresivamente zampoñas y quenas enérgicamente sopladas por una banda de sikuris. Siendo esta lo último que se escucha del disco, con un lindo solo final de quena. Sí, todo raro, considerando toda su discografía anterior.

Líricamente también se abrían nuevos rumbos totalmente diversos que probablemente dejaron onda WTF a la mayoría de los fans, que se habían enamorado de la banda gracias a sus canciones sobre amores oscuros, complejos y melancólicos. Para mencionar un ejemplo, en ‘Un nuevo juego’, canción en la que aparece la influencia de la cumbia, parecen describir sus intenciones con este nuevo álbum:

Inventaré un nuevo juego uno que se ajuste a mi velocidad uno que me quiera dar felicidad. Podrás escucharme, desde aquí yo miro
 tu cara malvada, tus dientes con filo. Dime, dime, dime, si te cuesta tu pureza.

Quizás hablándole al fan purista, reacio al cambio. Al que, después de todo, no quiso jugar.

Al final de la experiencia, tomando en cuenta la popularidad alcanzada por la banda a partir de la explotación de una fórmula que ya funcionaba, uno se pregunta qué demonios los llevó a hacer este disco. Era un riesgo inaudito. (Aclaro aquí, que para el fan de rock peruano promedio, la experimentación no es bienvenida, celebramos la fórmula, el hit y los clásicos más que la aventura que significa buscar nuevos rumbos sonoros) Pero, de nuevo, asumo que se confió en que funcionaría de todos modos y en que serían capaces de arrastrar a todos sus fans a nuevos espectros musicales, mostrándoles que el rock peruano puede tener una identidad distinta y fresca, dándole valor a los recursos musicales sudamericanos, andinos y tropicales, etcétera, etcétera, etcétera. Nada se cumplió finalmente.

Se hizo una extensa campaña publicitaria y de promoción, sonó en la radio, los videos salieron en MTV, pero a nadie le importaban las nuevas canciones. El resultado de las presentaciones en vivo fue el de un público que solo quería escuchar «las clásicas», totalmente desinteresado en darle si quiera una segunda oportunidad a la nueva propuesta. Un resultado que seguramente fue inesperado para la banda y todos los involucrados en el proceso. Y que significo el inicio del debacle y la pérdida de popularidad de Libido que todos conocemos.


Para concluir, este disco me parece una maravilla porque combina con mucho respeto las influencias de lo que en ese momento era el rock británico más actual y el sonido fuerte y claro de los ritmos sudamericanos. Aún ahora creo que fue un acierto total y si me encontrara a alguno de los integrantes de la banda en la calle se lo expresaría efusivamente, me explayaría tal como aquí hago para tratar de convencerlos de que es lo mejor que hicieron. Aunque quizás no sea necesario, quizás siempre lo supieron, por eso el ‘exceso’ de confianza. Pero sin embargo, si fuera así, podemos especular que la decepción fue tan grande como la ambición. Aunque sin sorpresas, después de todo, así es el rock en esta hermosa tierra del sol.

Originally published on Tumblr