Antes de venir a Disney contemplé mucho hacer un videoblog de mis experiencias aquí. Después decidí no hacerlo y una amiga me dijo “¿Por qué no haces un blog normal, escrito?”. La verdad no pensaba hacerlo, pero lo que me pasó ayer necesita ser contado. Necesito compartir la felicidad que sentí.

Ayer mi día tuvo un giro de 180 grados.

Trabajo en Columbia Harbour House en Magic Kingdom, por si no sabían; es un restaurante de comida rápida.

Empecé el día estresada porque la primera parte del turno me pusieron de “busser”, que son quienes limpian las mesas, sacan la basura y se encargan de que todo el dining floor esté limpio.

Entonces me tocó iniciar mi turno justo a la hora pico.

Imagínense: Disney, viernes, hora del almuerzo/comida. Fue toda una aventura. Yo sacaba la basura y limpiaba las mesas y diez segundos después los botes ya estaban llenos de nuevo y a alguien se le había tirado su refresco (solo quiero que sepan que esto no se compara con el caos que se arma durante la temporada alta, me informan que eso está en otro nivel).

Cuando llegó la hora de mi lunch break, yo estaba harta porque me tocaron Guests que no recogían absolutamente NADA y dejaban un mugrero inmenso. No me importa recogerlo, porque para eso estoy, es mi trabajo; pero cuando las personas me ayudan tirando la basura de sus charolas, me dejan más tiempo para revisar que toda mi área esté limpia.

Comí, me relajé un rato y para el turno de la tarde me pusieron en “queue line”, donde básicamente estás al frente de la fila para ordenar y le dices a la gente en cuál caja formarse.

Y AQUÍ ES DONDE PASÓ LO HERMOSO.

Primero, una señora me dijo que le gustaba mi sonrisa.

Luego, tuve una conversación muy amena con un señor con una camisa rosa.

Después, llegaron tres niñas y, mientras su papá y su mamá decidían sobre la comida, ellas me contaron que habían ido a la Mansión Embrujada y que les dio mucho miedo pero que encontraron varios Hidden Mickeys (hay cosas con la forma de Mickey escondidos en todo Disney World).

Ya casi al final de la noche, me sentí súper apreciada porque llegó un hombre con su mamá en silla de ruedas y les dije que les podía llevar a una sección del restaurante especial para las sillas (porque hay más espacio ahí). Entonces me dijeron “sí, claro” y pasaron como 15 minutos en lo que ordenaban y les daban la comida. Para esto, yo vi que ya les habían entregado la comida y me fui directo a ellos. Creo que no esperaban que estuviera tan atenta a lo que hacían, porque se sorprendieron un poco y dijeron “Oh, ahí está”. Entonces ya los llevo al área designada y me agradecen, pero lo hicieron tan efusivamente o no sé, que me llegó mucho ese simple “thank you”.

Y PARA ACABAR, llega una familia de Chicago (lo supe porque traían camisetas conmemorativas de la Serie Mundial de los Cubs ❤) y la pequeña princesa Elsa que venía con ellos prácticamente grita “¡Te pareces a Cenicienta!”.

Me derretí completamente ahí y me sacó una sonrisota.

Recuerdo perfectamente que en cuanto me lo dijo, pensé “Hoy fue un excelente día”. Y es que sí lo fue, porque pasé de estar frustrada con mi existencia a sentir toda la magia de Disney en un abrir y cerrar de ojos.

Me encanta estar aquí.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.