Guerra Avisada

Andrea Yunén Aróstegui
Nov 6 · 2 min read

Me levanté con un pensamiento frío en la sien, una idea loca de que me estaba haciendo daño a mi misma. Empecé por hacerme un desayuno, hecho como me gustaría que me lo hicieran. Empecé por mirarme en el espejo y darme cuenta de lo que debo hacer, empecé por darme cuenta de que estoy buscando en ti algo que no me estoy dando.

Me estoy cansando de esperarte, de esperar que me quieras como yo a ti. Es ahí donde ignoraba el detalle, tal vez quien se cansa de esperar eso soy yo. Tal vez solo eras el amigo que me haría darme cuenta de eso, tal vez mi reto es dejarte ser y soltarte para entender que no tengo ninguna atadura a ti — pero a mi sí. No niego que a veces quisiera verte siempre, encontrarnos luego de un largo día y dedicarnos en voz alta lo que nuestra cabeza pensaba durante el día. Si, admito que me encanta tu compañía y quiero más de ella. Pero también debo admitir que tu no la quieres así, que te conformas con nuestra dinámica aunque yo quiera más. Y no te culpo, todo lo contrario; asumo la responsabilidad de que me hice una idea de ti en la cabeza y mi subconsciente quiso cumplirla. Asumo completamente la responsabilidad de amarte sin correspondencia.

Sin embargo ahora debo asumir también mi amor a mi misma, y soltarte un poco, pues ya te he dado bastante. Me tendrás cerca, como siempre; pero tal vez no a tu lado. No me corresponde dejarme sufrir en primera fila, me corresponde tomar lo que he aprendido contigo y practicarlo conmigo y con quien sí quiere. Así que a partir de hoy te dejaré un rato, te dejaré sonreír sin ataduras, que seas y me cuentes de tus pensamientos, tal vez sin contar los míos. A partir de hoy te suelto, con cariño y sin rencor, te dejo en aquella noche azul.