La enfermedad crónica del calzado

La economía sumergida continua afectando a la industria más importarte del Valle del Vinalopó con situaciones precarias y sueldos ajustados

Aparadora en taller ilegal | M. LORENZO

Elda, Petrel, Elche, Monóvar y Villena son ciudades que, como órganos frente a una terrible enfermedad infecciosa y virulenta, han ido sucumbiendo a los síntomas de la economía sumergida. Sueldos escasos, horas extras sin cobrar, bajas por enfermedad impagadas o trabajos en talleres ilegales durante la noche son algunas de las manifestaciones con las que este mal crónico ha marcado a la industria más importante del Valle del Vinalopó. Ahora, y a pesar de años de lucha en su contra, la economía sumergida continua evolucionando para adaptarse a las medidas políticas y financieras con las que han intentado tratarla.

Juan Almendros y Carmen Avilés son un matrimonio eldense de trabajadores del calzado que durante décadas han logrado soportar cada injusticia nacida de la economía sumergida, desde trabajos en talleres ilegales hasta despidos por protestar para lograr un sueldo digno. “Gente escondida en sótanos, detrás paredes y puertas falsas, o que salen corriendo por las ventanas”, explica Juan en una anécdota sobre gente empleada sin dar de alta, una de las muchas que recuerda en su paso por varias fábricas del calzado.

“El problema ha derivado muy hondo con la globalización al tener que competir con otros países”, señala Juan, quien resalta la influencia de naciones como China o India en donde la regulación laboral es mucho menor y que permite que las empresas multinacionales consigan generar beneficios a base de paupérrimos sueldos y jornadas abusivas. Elda suele ser reconocida como la cuna del calzado español, un hecho que Juan enfatiza al rememorar una época donde se fabricaba un calzado de primera, “pero ahora el precio es el que marca y si la empresa no tiene beneficio entonces aprieta al jefe, y éste a los empleados”.

El eje del valle conforma una de las principales zonas industriales de la Comunidad Valenciana, albergando la mayor concentración de industrias zapateras de Europa

El sueldo medio de un trabajador del calzado en Elda ronda los 1000€, un salario con el que “sólo se puede sobrevivir y nada más”, recalca el veterano zapatero. A esto se le suma el hecho de que algunas empresas suprimen la paga de las horas extras y la de navidad para mantenerse a flote, todo debido a la necesidad de reducir costes para poder competir contra el negocio extranjero, para lo cual es necesario “aumentar la producción sin incrementar el salario” ya que no es posible disminuir el coste de los materiales.

El trabajador también hace hincapié en que la Economía Sumergida del calzado no se limita a la provincia de Alicante sino que se extiende a nivel nacional, pero que a diferencia de otros sectores como el de la Industria Minera o la Pesquera, ésta no cuenta con un sindicato fuerte que la apoye. “El Estado no es tonto”, afirma Juan, “les dio muchos sindicatos para que se pelearan entre ellos”.

Por desgracia, el salario no es lo único que ha afectado al bienestar de los trabajadores del calzado. La Economía Sumergida ha traído consigo varios problemas sanitarios, especialmente para el lado femenino del sector, donde la salud no es una cuestión prioritaria y en el que son harto comunes los ritmos de trabajo exagerados, los agotamientos, los problemas de insomnio y las lesiones a largo plazo. Los casos de alteraciones musculoesqueléticas en manos, dedos, muñecas, codos y hombros son viejos conocidos de este matrimonio: “yo padezco de una artrosis en el codo que por suerte no me molesta, pero da igual porque aunque pida la baja no me la van a pagar”, comenta Juan, a lo que Carmen añade que “solía trabajar con colas y productos químicos que tenían un olor tan fuerte que me mareaban”.

“El problema ha derivado muy hondo con la globalización al tener que competir con otros países”, Juan Almendros

Una de las soluciones que Juan expone para el problema de los talleres ilegales y la contratación irregular consiste en que el Estado compruebe si la fábrica, para mover los pares de zapatos que tiene que hacer, cuenta con la mano de obra necesaria en plantilla. “Debería mirar las listas de empleados y concluir que con 10 trabajadores no se pueden sacar 3000 pares de zapatos, al igual que necesita de aparadores, transportistas y gerentes”, a lo que Juan añade que los inspectores de Hacienda se han convertido en “ponedores de multas” en lugar de controlar que las empresas cumplan con sus obligaciones, además de “hablar con los trabajadores en un cuarto aparte alejado del jefe para que luego no haya represalias”.

De talleres ilegales a contratación irregular

Para afrontar el problema de la economía sumergida en la Industria del Calzado es necesaria una reforma tanto en el lado administrativo como en el penal, algo por lo que el sindicato de Comisiones Obreras ha estado luchando durante años. Así lo asegura Miguel Ángel Cerdá, el responsable de la acción sindical de la Federación de Industria de dicha confederación, quien se lamenta de que “es muy difícil solucionarlo sin más en una zona que durante muchos años ha sufrido de economía sumergida”.

“Los empresarios han dejado de tener a gente sin dar de alta y ahora los contratan a media jornada cuando en realidad hacen jornada completa”, explica el sindicalista. La situación de talleres ilegales ha ido mejorando, pero al igual que un virus, la economía sumergida evoluciona y desarrolla un nuevo síntoma: la contratación irregular.

“Es necesario reforzar la plantilla de la Inspección de Trabajo porque están tan saturados que tardan demasiado en actuar”, Miguel Ángel Cerdá

El conjunto de dificultades que han afectado al sector durante tanto tiempo le ha dado una fama tan mala que “la gente joven trata de evitarlo por las malas condiciones laborales”, lo cual lleva al consecuente envejecimiento de la mano de obra y a una crisis de contratación en la Patronal que empeora todavía más la situación de la industria zapatera.