05.06.16

¿Alguna vez se han preguntado si el amor dura para siempre? Seguro que sí. En particular, me lo pregunto constantemente.

Hace algunos años conocí a una niña, todo gracias a un lapicero, un peculiar lapicero de Betty Boop.

Ella siempre hacía cosas bastante curiosas, como compartirle todos los días de sus papas fritas al profesor, contar historias graciosas en clase, su forma de reír tan peculiar, etc.

Con el paso del tiempo la fui conociendo mejor, al punto de volverme su amigo.

Unos años más tarde, nos gustamos, nos enamoramos y terminamos siendo novios. Fue algo sin duda precioso, lo más hermoso que había tenido hasta ese punto de mi vida. Pero terminó, y claro, por mi culpa.

He hecho cosas muy malas de las cuales sin duda me arrepiento, pero de lo que más arrepentido estoy es de haberle hecho daño a ella, a esa niña que tanto amor me había dado, que me amó a pesar de todo, que volvió a confiar en mí una y otra vez… cada que recuerdo todo me siento terrible, daría lo que fuera por nunca haberlo hecho, por nunca haberla hecho sufrir de tal manera.

Sin lugar a dudas, la culpa es de los peores males que puede atormentar a un hombre.

. . .

Tiempo después ella cambió totalmente, mi bebé ya no era una bebé… comenzó a fijarse en otros tipos, ellos se fijaban en ella. Eso me llenaba de celos, no quería verla con nadie más.

No estaba con ella y tampoco quería que estuviese con nadie más ¿qué pasaba conmigo? Nadie la merecía. Ella era única, todo lo bueno que existe encarnado en una persona.

Pensar en cada vez que le hice daño, me destroza. Era la niña más linda e inocente del mundo y un imbécil al que le confío su corazón la traicionó, sin tener ella la culpa de nada… me odio por eso.

Ahora, arrepentido, daría lo que fuera por traer de regreso a esa dulce niña y decirle que lo siento, que fui un completo idiota, que no hay palabras que puedan arreglar lo que hice.

Gracias a Dios, después de algunos años, después de tomar muchas y muy malas desiciones, el Señor la puso de nuevo en mi camino, con algunas adversidades al principio, pero como dicen, lo bueno nunca es fácil.

Otra vez está en mis brazos, y yo en los suyos. No quiero que me deje nunca. No sé qué haría sin ella. Ella es todo lo que tengo y todo lo que quisiera tener.

Amo todo de ella. Cada risa, cada roce, cada beso, cada historia, cada momento, cada palabra, cada día, todo.

Hemos vivido tantas aventuras juntos durante estos dos años.

Si le pudiese decir una sola cosa antes de irme para siempre, sería “gracias”.

Gracias por amarme, por estar conmigo siempre, por entenderme, por escucharme, por alegrar mis días. Gracias por todo, mi amor.

Estoy completamente seguro que si ella se viera como yo la veo, sabría que es perfecta.

Feliz cumpleaños, mi amor.

Espero que este cumpleaños sea uno de muchos que celebremos juntos, amándonos, por toda la vida.

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