Japanese Gallery Art

— Tu abuelo era agricultor. —

Cuando intentó mejorar su posición en la vida y ser algo, encargó a un armero que le hiciera esta espada.

Hubo un tiempo en que los Kinoshita teníamos el árbol genealógico de nuestra familia, pero un incendio lo destruyó. Y mucho antes de que tu abuelo pudiera destacar en algo, lo mataron.

Aquellos fueron tiempos turbulentos, y muchos sufrieron el mismo sino. Un farol estaba encendido en la habitación contigua, pero la sala en la que ellos se encontraban estaba iluminada por las llamas del hogar.
Hiyoshi escuchaba a su padre mientras contemplaba las llamas rojizas. Tanto si Hiyoshi le comprendía como si no, Yaemon tenía la sensación de que no podía hablar de tales cosas con su mujer o su hija.

— Si todavía existiera el árbol genealógico de los Kinoshita, podría hablarte de tus antepasados, pero quedó reducido a cenizas. Sin embargo, existe un árbol familiar vivo, y ha sido transmitido hasta llegar a ti.

Es este, Yaemon se acarició las venas azules de la muñeca, era la sangre.
Tal era su enseñanza. Hiyoshi asintió y entonces se contempló su propia muñeca. También él tenía aquellos vasos sanguíneos en su cuerpo. ¡No podía haber duda! Ningún árbol familiar estaba más vivo que aquel.

— No sé quiénes fueron nuestros antepasados antes de la época de tu abuelo, pero estoy seguro de que algunos de ellos fueron grandes hombres, samuráis, seguramente, tal vez sabios. La sangre de tales hombres sigue fluyendo y yo te la he transmitido. —

— Sí — Hiyoshi asintió de nuevo.

— Sin embargo, yo no soy grande. Como puedes ver, no soy más que un lisiado. Así pues, Hiyoshi, ¡tú debes llegar a ser un gran hombre!

— Padre — dijo Hiyoshi, abriendo mucho los ojos — ¿En qué clase de hombre he de convertirme para ser grande?

Verás, no hay límite alguno a lo que puedes conseguir. Si, como mínimo, llegas a ser un guerrero valiente y llevas este recuerdo de tu abuelo, no sentiré ninguna pesadumbre cuando me muera.


fragmento
Taiko, el hábil cara de mono (2011), Eiji Yoshikawa

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