El sueño vivido en un año, la pesadilla vivida en una madrugada

Qué sensación de mierda. Qué cierre de semestre tan negro. La tragedia, que nos cayó como una patada al culo, fue el comienzo. Nunca hubo rival ni lo va a haber. Sí, habrá un partido por la Recopa, pero no será con el mismo espíritu de esos campeones que estábamos esperando. Además, era la revancha de una Sudamericana que es esquiva para el verde. Y bueno, sigue siendo esquiva.

Ahora, en Japón, nos hemos convertido en una vergüenza. Solo era 1 partido. Uno, one, um, ein, 一 (en japonés). Era ganar este, y el domingo (la final) cualquier cosa podía pasar y cualquier cosa podía aceptar. Sí, nos creímos con el Real. No cabe decir que el equipo estuvo igual en esa mentalidad, para nada, pero los hinchas sí. Y es más, creíamos en ser campeones. Razones para creer habían: El último partido que le vimos a este equipo, un 3–0 arrollador contra Millonarios; la tragedia misma volcada a un apoyo masivo por un pueblo brasileño que ha arropado la solidaridad de este equipo y la ciudad; una oportunidad grandísima para rendir honores a los campeones; la polémica con Dimayor y su calendario de mierda; comentarios de periodistas (mexicanos, puntualmente) que menospreciaban a este equipo que cabalgó suramérica a su antojo, de todas las formas que quiso; y un Real Madrid que le tiene miedo a perder, pero aún así juega horrible. Podía pasar el milagro y el sueño. Pero no, nos ganó un equipo ordenado, tranquilo, que jugó muy bien a lo que juega, y que al final nos terminó metiendo un gol de taco.

Quiero creer que Nacional no se recuperó del viaje, que llegó sin ritmo, y que de ahí, vinieron el resto de cosas terribles. Es cuestión de despertarse bien. Más allá de las tácticas, las estrategias, del azar —que influye muchísimo en este juego – , lo importante será saber cómo se han levantado estos futbolistas”, contaba Juan Pablo Varsky previo al Madrid-Boca del 2000. Al final, Nacional fue un equipo sin ideas frescas y con una pésima toma de decisiones al final de las jugadas. ¿Que llegamos y tuvimos opciones? Sí, muchas. Pero en realidad solo los dos palos fueron realmente jugadas de peligro que lamentamos, no entraran. Y frente al penal, no nos mató el gol mismo, nos liquidó una decisión inesperada 2 minutos después, cuando aquel tiro libre era cosa del pasado: fue ver al equipo regresar de un saque de banda en campo rival, a estar parados al borde del área esperando que Armani hiciera un milagro.

Lo que se iba a convertir en un texto para hacer previa a la final, termina siendo un agradecimiento con sabor amargo a los tipos que en un año me han hecho sentir que la felicidad tiene escudo, color, juega con un balón y se le ve cada 8 días en un lugar al que le caben 45.000 personas.

Los quiero a todos, menos al flaco este que está de último. Vos sos un muerto, Mosquera.

Este equipo actual nunca fue de estrellas. Nombrar el rotulo del mejor equipo de Colombia se lo ganaron a punta de trabajo y derrotas, para llegar a las victorias. Franco Armani, Alexis Henríquez, Farid Díaz, Daniel Bocanegra, Alexander Mejía, Diego Arias y Matheus Uribe no llegaron con los reflectores puestos en ellos. A todos les tocó soportar la banca por una cantidad de muertos que hoy nombrarlos causa úlcera: Cristian Tula, Juan David Valencia, Elkin Calle y Jherson Córdoba, respectivamente a los primeros. A Diego le tocó ser suplente de un Mejía pletórico y a Matheus acomodarse a un puesto distinto del que llegaba. Al santo de Casilda (Armani), por ejemplo, le tocó esperar 3 años para ver el partido desde el arco, porque de resto le tocó estar sentado en la banca detrás de Neco y Pezzuti. Hoy estamos hablando del mejor arquero del continente sin ninguna duda.

Un jugador espectáculo como Alejandro Guerra lo sacaron los directivos del Mineros de Guayana en Venezuela cuando tenía 29 años (a simple vista, un viejo, hoy tiene 31). Llegó a préstamo. Recuerdo estar buscando vídeos en Youtube sobre él, porque ninguno entendía cómo carajos llegaba al equipo. Y hoy es uno de los futbolistas más importantes de suramérica con un juego que divierte por montones. Muchos piensan que lo compramos ya siendo un crack total.

Sebastián Pérez y Orlando Berrío, hoy jugadores de selección, son de la cantera. Con las pocas oportunidades que tenían, no pasaba nada. Al uno, se le veía un estancamiento increíble, y el otro alcanzó a estar en Millonarios y Patriotas, para después sacarnos dolores de cabeza junto a un inútil como Wilder Guisao (que ya pasó por Toluca, Sao Paulo y está en Rácing, qué agraciado es el fútbol). Con trabajo la rompieron en sus puestos y crecieron de una forma inimaginable, tanto así que cada uno en su posición son parte vital de la Copa Libertadores. Davinson Sánchez, Marlos Moreno y Felipe Aguilar, al igual que los dos que menciono arriba, hacían parte del inventario verdolaga de la cantera. No hizo falta comprar al mejor de esas posiciones en el país, el talento ya estaba ahí listo para triunfar. Y Victor Ibarbo, también de la casa, volvió para ayudar en la primera parte del trabajo, porque a algunos se les olvida lo que hizo en la Copa.

Lo que es Macnelly, Ibargüén y Borja no hay discusión. Fueron comprados por ser los mejores. Mac ha convertido de Nacional su casa, y me parece que está muy bien, el 10 del continente siempre que llega trae grandes gestas y recuerdos a esta casaca. Ibargüen y Borja, desde el Tolima y Cortulua respectivamente, llegaron a aportar en el ataque del equipo, y sin dificultad lo hicieron.

Todos acá trabajaron, esperaron, sudaron y se bancaron derrotas para llegar a este momento. Dolores como Sao Pablo, Defensor Sporting, Godoy Cruz, River Plate y Emelec, se fueron al carajo este año. El proceso terminó con éxito. Ganaron la Libertadores y viajaron hasta Japón con el sueño. Paremos hasta acá porque ya me dio tristeza otra vez. Llegó un dolor nuevo, Kashima Antlers se llama. En forma de pesadilla se va a aparecer. Cito la página del club para el Mundial:

Recordar diciembre de 1989 es entender que el dolor nunca muere, se oculta. Y este de Osaka es un recto al mentón. (…) hay que asimilarlo en su justa medida, porque es de esos golpes que por no tener revancha a la vista, parece eterno. En el fondo, continuar es el mejor camino, y volver es el desafío inmediato. Pero por ahora, el corazón está nocaut y la herida está abierta.

Solo quiero darle gracias (se queda corta esa palabra, leyéndola una y otra vez) a los jugadores que menciono arriba. Por su parte, a Reinaldo también, y el doble, pues ha puesto en orden la casa volviendo a Nacional, el más grande del país, y un equipo destacado del continente.

Recuerden que los amaré siempre muchachos, así no me lean. En mi mente estará cada atajada, jugada, pase, enganche y gol que vivimos este año. Me han hecho a mí y a unos millones de personas más, los tipos más felices de esta vida, por un ratico. Dice un canto de la barra que pasan los años, pasan lo jugadores, pero lo que nos queda es puro corazón. Con ustedes haré la excepción, no los olvidaré nunca.

Lo de este miércoles es una pisotada a todo, pero también una excusa para decirles gracias por tanto y por llevarnos hasta acá. Me vale mierda lo demás. ¡Vamos VERDOLAGA de mi vida! Gracias por hacerme feliz, quiero reiterar. Las lagrimas con las que escribo esto, buenas y malas, son por ustedes.