Quisiera ser el Rector de la UP

(inspirado por un escrito de Jorge Morales publicado el 23/08/16)

Dr. José Antonio Lozano Díez, Rector general UP-IPADE.

A mí me encantaría ser José Antonio Lozano. ¡Así es! Tal vez en uno de los momentos más complicados de su vida profesional, a mí me gustaría estar en los zapatos del Rector General de la Universidad Panamericana. Seguramente muchos de ustedes dirán ¿Qué locura es esta de querer tener en el escritorio una decisión que afectaría ni más ni menos a Enrique Peña Nieto? O ¿Quién desearía decidir el destino académico del actual Presidente de México y sufrir sus consecuencias?

José Antonio Lozano tiene entre sus manos una oportunidad irrepetible, que de aprovecharse correctamente, pudiera “pellizcar la historia nacional” y cambiarla para siempre. Él y su consciencia, él y su equipo de colaboradores, y él y seguramente el Consejo Académico de la Institución que rige, se han convertido en un jurado designado por el destino que puede dictar sentencia para retirar el título de Licenciado en Derecho a un egresado, a quien se le comprobó que plagió, copió y en otras palabras, no fue honesto al momento de presentar su tesis universitaria.

Yo sí quisiera ser José Antonio Lozano, porque mi decisión podría sentar precedentes sobre el mérito y la justicia. Yo sí quisiera ser José Antonio Lozano, porque los principios y convicciones personales no se negocian, y mucho menos la misión de una casa de estudios que dice “Educar personas que busquen la verdad y se comprometan con ella…” Yo sí quisiera ser él, porque en mí, estaría dar un manotazo en la mesa de la discusión nacional y dar testimonio de que en mi institución, la Dama de la Justicia, no se quita la venda de los ojos y actúa sin favoritismos por aquellos con poder, y al hacerlo, exigiría que esto aplicara en México para siempre y para todos.

Me gustaría estar en su silla, para defender ese principio institucional que tiene mi alma mater del “trabajo bien hecho, con sentido de excelencia…” o ese otro que habla de “formar en la responsabilidad” y teniendo ambos como guía, evaluaría de forma objetiva el caso de la tesis de un exalumno de Derecho, eliminando de mi juicio su nombre y el cargo que hoy ostenta.

Yo sí quisiera ser José Antonio Lozano, porque el dilema al que se enfrenta se resuelve — desde mi perspectiva — con sencillas preguntas: ¿Qué es lo mejor para la Institución que dirijo? ¿Qué abona al crecimiento de mi labor universitaria? ¿De qué forma protejo el prestigio de mi comunidad y de mis egresados? Y siendo José Antonio Lozano, recordaría el rigor que me fue aplicado cuando uno de mis exámenes mensuales fue anulado porque se parecía en las respuestas a las de un compañero, o el “sospechosismo” y duda que decidieron eliminar de tajo cuando un tío fue mi profesor en tercer semestre y me aplicaban un examen especial para evitar la tentación de que la familia pesara más que la ética del profesor y del alumno. De ser José Antonio Lozano pensaría que si eso se lleva a cabo en las evaluaciones mensuales, aplicaría mayor peso a las Tesis y además, no solo despojaría del título al alumno en cuestión, sino que también, tomaría acciones al interior de la Universidad porque también hubo fallas de parte nuestra.

Que daría yo por ocupar la oficina de José Antonio Lozano para dar ejemplo de congruencia con lo que dice el Artículo 30, Sección II, inciso A del Reglamento de la Universidad, el cual considera como obligación de los alumnos “Ser ejemplo de integridad personal y académica…” y también ser congruente con mi mensaje de bienvenida en el sitio web, donde firmo lo siguiente: En el diario Clarín, de Buenos Aires, en septiembre de 1982, Borges sentenciaba: “son múltiples los males que nos abruman: la ruina económica, la desocupación, el hambre, la demagógica anarquía, la violencia, el insensato nacionalismo, y la casi general ausencia de ética. El más grave es el último”.

¡Ah! ¡Cómo quisiera ser José Antonio Lozano! Precisamente por esto último, para demostrar que faltar a la ética, sin importar de quien se trate, debe tener consecuencias, ya sea inmediatas o 25 años después, pero siempre consecuencias; o ¿no es esto lo que exigimos a gritos en el país?

Me gustaría ser José Antonio Lozano porque en el emblema de la Universidad que dirijo está incluido un roble, el cual se le ha dado el significado de la fortaleza y justo este, es el momento de representar lo que ese árbol significa. Los Presidentes cambian cada 6 años, sin embargo; nuestra defensa de los principios y de la integridad, podrían dar ejemplo por siempre.

Y por último, quisiera ser José Antonio Lozano, porque en mis años de alumno de mi amada Universidad Panamericana, me inculcaron que algunas veces haciendo lo ordinario, logramos lo extraordinario… y ¿acaso podríamos encontrar mejor momento y caso que este para demostrarlo?

Andrés Navarro

Maestro en Administración Pública (Universidad de Harvard)

Ex-alumno (’01) Administración y Finanzas (Campus Guadalajara).

*Por favor, en caso de estar de acuerdo, compártelo con tus amigos ex-alumnos de la UP y con tu comunidad; seguramente servirá de algo.