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El discurso

¿Qué tienen en común el chaman de una tribu, el periodista del diario, el político en la tarima, el meme en redes sociales, el relacionista público y el vocero institucional?

¿En qué se parecen un sueño como el de Martin Luther King, no retroceder “ni un paso atrás” como sostenía el eslogan de la resistencia antifascista soviética de 1942 y el himno francés La Marseillaise?

¿Qué tienen en común los estilos declamatorios de la fe, del exitismo político y de las marcas exitosas?

La respuesta: el discurso.

“¡Cuántos a cuántos y en cuántas cosas han persuadido y persuaden componiendo un falso discurso!”, dice Gorgias en el discurso Encomio de Helena.

Por ello, ¿los periodistas han perdido su poder de prescripción? ¿Las redes sociales han convertido a la información en un commodity? ¿Los hechos perdieron relevancia frente a la emotividad de una nueva contextualización factual?

Hablo del Discurso de tres dimensiones: Contexto, Contenido y Ritmo. Dónde el contexto está construido pensando en el call to action; el contenido son las ideas, imágenes y acciones; y el ritmo, la emoción.

Si lo vemos desde la perspectiva dónde cada uno de nosotros es un creador constante de datos y entendemos que los datos por sí no persuaden, entonces la correcta aplicación de la trilogía Contexto, Contenido y Ritmo fortalece la opinión. Y es la opinión -la doxa de Parménides y Platón- la que persuade.

¿Y los hechos?

Los datos, la información, facts and figures -per se- no persuaden. Convencen las emociones. Persuaden las historias que activan las emociones. Katherine Meyer Graham -periodista, editora del diario The Washington Post y presidenta de The Washington Post Company- decía que la verdad y las noticias no son la misma cosa. Informar -por tanto- no sólo es proporcionar una descripción precisa, verificada, contextualizada de un hecho; sino también es enseñar la historia sobre la marcha llevando a la audiencia a participar del hecho, contagiando -transmitiendo- un sentimiento.

Circa 2001 junto a Eduardo, Erik, y Paul, construimos una teoría que resumimos en veinte-y-tantos slogans. Rescato dos: “Si no distrae, no atrae.” “Sin emoción no hay atención.” 16 años después puedo decir que el Discurso -entendido como la trilogía Contexto, Contenido y Ritmo- es el recipiente de la emoción.

Sin emoción no hay atención. Sin atención no hay memoria. Y sin memoria, el contenido no existe.

Publicado originalmente en diario El Universo