La responsabilidad de la sociedad mexicana
Enrique Peña Nieto ha sido un mal presidente, tiene escándalos de corrupción probados, y eso debería bastar para exigir su renuncia. Pero tampoco es culpable de todo lo que sucede en México. Su partido tiene aún más responsabilidad, el PRI ha derrochado como nunca los recursos de todos los mexicanos para negociar con la CNTE, para “negociar” con el crimen organizado, para comprar lealtades y acallar críticas.
Nuestra democracia es muy insatisfactoria, pero también es muy joven, y nuestros políticos son viejos, y los que son jóvenes en años son aún más viejos en costumbres. El candidato eterno de la izquierda radical que se asume como redentor del pueblo no ofrece nada más que las viejas políticas económicas irresponsables del PRI populista de José López Portillo, aquel que responsable de la peor crisis monetaria y presupuestal del México moderno.
Los ciudadanos debemos comprender que la democracia es un proceso largo y doloroso, y que nosotros somos también responsables al elegir mal a nuestros gobernantes, no culpo a la gente pobre, se lo difícil que puede ser votar por el mejor cuando se tienen telarañas en el estómago. Tampoco se puede culpar a los ricos, ellos siempre harán lo mejor para sus intereses. La clave está en encontrar el equilibro entre el interés personal y el bien común, en no cambiar nuestro voto por promesas irracionales ni por rayitos de esperanza.
Como sociedad civil es nuestra responsabilidad la construcción de una nación que nos ofrezca paz y prosperidad a todos. Ser conscientes de que no es el gobierno la solución a nuestros problemas. El gobierno no crea empleos, crea condiciones para que la actividad económica pueda florecer.
Personalmente he cometido errores al generalizar con la izquierda, si bien la izquierda radical y anacrónica predomina en las universidades y en los sindicatos, hay muchas expresiones de la izquierda moderada que son capaces de proponer y solucionar con mayor eficacia y sensibilidad muchos asuntos, sobre todo de índole social. Sin embargo la izquierda debe evitar seguir cayendo en la arrogancia del monopolio intelectual, este que desde una perspectiva pseudoacadémica es prolífica en la protesta y pobre en la propuesta.
Asimismo la derecha tiene la responsabilidad de abrazar la bandera del liberalismo que tiene un mayor sustento racional que cualquiera que pueda ofrecer el rancio conservadurismo; sacudirse las ideas viejas y las simpatías y anhelos fascistas o clericales. Ante la amenaza de un estado cada vez más grande y cada vez más inmiscuido en los asuntos privados, la derecha debe asumir la defensa de las libertades individuales y sobre todo la libertad económica que es el motor de una nación.
Nadie tiene la razón, nadie posee la verdad absoluta, y desde ese entendido debemos abrazar nuestra democracia, protegerla de sus enemigos, y cuidarla para que algún día nuestros hijos puedan gozar de sus libertades. No podemos seguir tolerando la corrupción, ni los privilegios de grupos, sean grandes corporaciones o sindicatos masivos. Debemos seguir construyendo la nación que queremos.