Complots para asesinar a la Moda

Crónica de una industria en crisis, acosada por cambios que amenazan con modificarla para siempre.


La Moda es una criatura caprichosa, cambiante y frágil, para hablar de ella se debe ser cauto. No obstante, como fenómeno social es presa del interés y de las opiniones que suscitan sus efectos. Recientemente tomó conciencia de sí misma como industria económica, y evidenció su poder como efecto y catalizador sociocultural; transformándose en objeto de estudio y debate.

El proceso evolutivo de la Moda ha sido largo y su lucha, durante los últimos 60 años, se ha orientado a conciliar el diseño con la técnica y el aspecto comercial con el arte y la cultura. Los nuevos intrusos en su hábitat -la tecnología, medios sociales y consorcios comerciales- en su hambre por información y novedad han suscitado una reestructuración en la forma de vida de de este peculiar personaje.

A la Moda, han querido acribillarla en múltiples ocasiones, pero ante todas, ha hecho gala de su suerte para reinventarse y salir avante. Su última sentencia fue proferida por Lidewij Edelkoort, una coolhunter holandesa reconocida como una de las profesionales más respetadas de su campo por la Chambre Syndicale de la Haute Couture y la Corona Real de Holanda.

Edelkoort, quien es odiada por algunos y admirada por otros, afirma que la Moda se ha consumido así misma y que ha muerto irremediablemente. En su manifiesto “Anti-fashion”, publicado el año anterior, la experta arremete con cada una de las ramas de la industria, a las que considera responsables del deceso clínico. En sus palabras, el sector educativo de la Moda instruye a los estudiantes para convertirlos “en diseñadores de pasarela, estrellas y divas individualistas, con el único objetivo de ser descubiertos por las grandes marcas de lujo”, añade que se ha prestado poco cuidado al diseño, la confección y al aspecto artesanal; este último -según ella- alma de la industria, y cuyo descuido provocó la extinción de la Moda.

En su investigación sobre la autopsia, Edelkoort considera la “fiebre por la Moda barata” como una de las causas de muerte, pues produce que “las prendas se puedan tirar y descartar como si fueran condones”; además afirma que se está enseñando a los jóvenes consumidores “que la moda no tiene valor” y, como consecuencia, se destruye la cultura original del sistema.

Para rematar, la experta culpa a los departamentos de marketing que “están gobernados, por la avaricia en lugar de la visión”. Aduce que “La moda es un negocio arriesgado pero los responsables de las finanzas no permiten el riesgo”. Alega que el marketing es quien más ha colaborado en la muerte de la agraciada criatura, pues son los anuncios publicitarios los que guían las prendas usadas en los editoriales para repetir el mismo patrón en casi todos los medios, con pocas oportunidades para propuestas emergentes. Contrario a ello, para Ederkoort, la moda debería ser un negocio de constante reinvención, en el que la experimentación debe ser la norma, sin predicciones de lo que será o no rentable.

Para la investigadora, se perdió la revolución de antaño, con siluetas capaces de reinventar el estilo de vestir de la sociedad y con ello las costumbres. “La Moda actual ha dado paso a un constante revisionismo de otras épocas, sin apostar a cambios radicales”, y se lamenta: “por las calles veo gente bien vestida, pero no veo Moda”. También cuestiona la efectividad de las pasarelas, a las que define como “shows ridículos que duran diez minutos cuando antes duraban 45 y a los nadie nadie mira por estar pendiente del teléfono celular”.

A los problemas evidenciados por Ederkoort, se une el hecho de que, en diciembre del 2015, el Council of Fashion Designers of America, ente supremo de la gestión de desfiles estadounidenses, hizo saber que la semana de la moda de Nueva York no presentará más colecciones con anticipo de seis meses. El nuevo experimento propone que, finalizada la pasarela, las prendas estén de inmediato disponibles para su compra. Con esta acción, esperan incentivar considerablemente las ventas, pues medios sociales, audiovisuales y fashionbloggers replicarán al mundo imágenes de los productos.

La propuesta no tiene contentos a muchos sectores del gremio. Francia e Italia rechazaron categóricamente el cambio sugerido por Estados Unidos, pues el nuevo paradigma parece debilitar el status quo de la Moda tradicional al que lucha por aferrarse el lujo europeo. La oposición señala que la Moda ha estado ligada a la calidad, creatividad, a lo social, a las reflexiones y a las innovaciones, un proceso de pensamiento cultural que, por causa del fast fashion, se arriesga a ser sustituido por el envejecimiento acelerado de prendas producidas sin la debida maduración. Hay incluso algunas iniciativas que pretenden escapar de la tendencia, mostrando de forma individual sus propuestas: Tom Ford y Burberry, han encabezado este movimiento.

Estos cambios en la estructura del negocio ya se han evidenciado en la renuncia y despido de muchos directores creativos, quienes, tras sufrir la presión de presentar más de ocho o diez colecciones por temporada, deben además deslumbrar en cada apuesta para no correr el riesgo de ser decapitados por los consorcios comerciales, dueños de las marcas.

La industria de la Moda está sufriendo una metamorfosis, la caída del rublo en Rusia y la madurez alcanzada por los consumidores chinos (ahora, más selectivos) son para Russell Flannery, de Forbes Magazine, evidencias claras de una inminente reestructuración. Sarah Raphael, de i-D Magazine, afirma al respecto: “Este negocio intenta luchar — como cualquier otro — por definir su identidad en la era digital. No se debe culpar a la educación ni a internet, dado que son ellos los que hacen a la moda tan interesante y accesible”. Entre esta multiplicidad de voces surge la de Shefalee Vasudev, autora india de libros sobre la temática social de la Moda. La escritora, si bien da la razón a Edelkoort, aclara que esos postulados se aplican de forma general pero no a casos específicos, pues hay pequeños ateliers y medios de comunicación que realmente sorprenden por su calidad, visión y escape de la norma.

El hecho de que existan dos o cien marcas que presenten colecciones comerciales no implica que la Moda esté muerta dicen algunos; en la variedad, siempre habrá quienes propongan fuera del molde y ofrezcan planteamientos refrescantes. Incluso, Edelkoort ve este momento como una oportunidad para “sugerir nuevas ideas” y enfocar el futuro con nuevas miradas; de ahí que sea necesario no olvidar que la Moda tal y como la conocíamos no se mantuvo siempre de esa manera, pues se ha transformado paulatinamente.

En su momento, se aseguró que el prêt-à-porter mataría el arte exclusivo, que los grandes almacenes serían el fin de las marcas, que el estilo garçon acabaría con la feminidad y que la incursión de la perfumería en el mundo textil dañaría al gremio. El sector superó el declive de la alta costura, la incursión de celebrities en las principales portadas, la desaparición de los grandes couturiers y, en los últimos años, el sesgo de los fashionbloggers.

En este negocio, es inútil aferrarse a esquemas vencidos; por el contrario, se debe buscar el cambio. Es necesario ser críticos con nuestro momento histórico, pero no en exceso, pues las grandes revoluciones estilísticas no llegaron instantáneamente: fueron resultado de un desarrollo sociocultural y una maduración de años. Siempre habrá quien quiera asesinar a la Moda; por eso, es preciso mantenerse vigilantes para que esos cambios inminentes se realicen de la mejor manera. La Moda, a pesar de los cataclismos, no ha hecho más que reactivarse y reformar sus modelos; podrá dormirse por momentos, pero siempre mantendrá alguna rama con vida, a la espera de impulsar con inesperadas mutaciones la belleza que la hace única.

***Publicado en Traffic Magazine Costa Rica, Edición 14, 2016***

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