Con dolor. En rebeldia

Hasta hoy, 40 niñas asesinadas en un refugio estatal, nueve de las sobrevivientes están embarazadas

No fue un accidente, fue una ejecución

El Estado de Guatemala ha decretado fuego para quienes alzamos la voz y nos indignamos, fuego para quienes luchamos por cambiar las cosas de fondo y de raíz. Pretenden acallar las voces que denuncian: acallar a la juventud y limitar la expresión de la rebeldía y la resistencia de las personas y los pueblos que queremos vivir de manera diferente.

Las niñas del Hogar Seguro Virgen de la Asunción fueron ejecutadas porque estaban alzando su voz. Murieron en defensa del derecho a una vida libre de violencia, especialmente libre de violencia sexual. En nombre de ellas alzamos la voz. Esto ya no puede continuar así.

La institucionalización del femicidio

La política de presidios y de seguridad nacional está sustentada en el castigo y la criminalización de la pobreza. Existe pobreza porque unas pocas familias se hacen ricas a costa de utilizar la fuerza de trabajo de la gente pobre. Esta gente empobrecida es desechada todos los días en los asesinatos, los crímenes de las camionetas o los taxis, hoy en los centros de reclusión.

Este modelo político y económico de acumulación necesita de cuerpos que pueden ser desechados y utilizados. Por eso las mujeres y las niñas somos sistemáticamente agredidas, violadas y asesinadas.

La muerte de estas niñas muestra, una vez más, la acción directa del Estado contra la vida de mujeres y niñas empobrecidas, oscuras, de clases populares, de ascendencia indígena y campesina. Esto no es casual y no es un episodio aislado: se trata de la violencia sistemática, el menosprecio por la vida y el genocidio al que hemos estado sometidas las mujeres y los pueblos originarios en Guatemala por el estado, sus instituciones y las clases dirigentes.

El Estado tenía información de que había problemas en el Hogar. Durante más de cinco años, las autoridades tuvieron la oportunidad de ponerle atención a denuncias de maltrato, trata, violencia psicológica y física, violencia sexual, esclavitud sexual y criminalización.

El deber del Estado es proteger a la niñez; lo que sucedió el 8 de marzo fue una masacre anunciada contra niñas y adolescentes cuyo cuidado estaba a cargo del Estado.

La muerte violenta de las niñas y adolescentes sucedió en una institución del Estado, de la mano de funcionarios que tienen la llave de la vida y la muerte. Como sociedad hicimos poco o nada por reaccionar cuando supimos desde 2013 -y en reiteradas oportunidades más- lo que sucedía con las niñas y adolescentes del Hogar Virgen de la Asunción. Pero fueron agentes del Estado en ejercicio de sus funciones quienes las asesinaron (por acción u omisión). Fue el Estado. Y eso se llama femicidio institucional.

Las niñas no se tocan, no se queman, no se violan, no se matan

Estamos exigiendo justicia y que estos delitos no queden en la impunidad como tantas veces en este país.

Exigimos que se esclarezca esta masacre en contra de niñas que no tenían la posibilidad de defenderse y expresarse.

Queremos que nos digan quienes prendieron fuego y pusieron llave para que las niñas no pudieran salir.

Exigimos que el Estado inmediatamente reconozca el mal papel que ha jugado en el cuidado de las niñas en el país.

La sangre de estas niñas clama justicia y tenemos la obligación de recordar que su muerte no fue en vano y que sus asesinos van a terminar en la cárcel.

Llorar, gritar, organizarnos para transformar esta caricatura de República

La justicia debe implicar la destrucción de este maldito sistema que marca su futuro con violencia. Justicia es el cambio de esta sociedad indiferente, no solo el cambio del Presidente, aunque por dignidad tiene que renunciar y vamos a exigirle al inútil que vive en Casa Presidencial la renuncia.

Tenemos que cambiar nuestras ideas, costumbres, formas de actuar, leyes, símbolos, subjetividades. Queremos un modelo de vida donde todas las personas podamos convivir en armonía social y con la naturaleza, poniendo en el centro el bienestar colectivo, el respeto, la reciprocidad y el afecto, como bienes que debemos cuidar y reproducir.

No nos quedamos en silencio pero no nos conformamos con gritar. Necesitamos organizarnos, ser más, hacer cosas diferentes, para que no seamos siempre las mismas las que nos movilizamos. Necesitamos vincular todas las situaciones y las opresiones. Lo que sucedió con las niñas está relacionado con una sociedad patriarcal, misógina, racista, excluyente.

Nuestra arma, la voz

Estamos aquí por la vida. Las niñas murieron quemadas porque querían la vida y la libertad, y por esa libertad nos vamos a seguir encontrando, dialogando y construyendo, no cementerios, no tumbas, sino la vida, la vida digna, la vida alegre, para vivir.

Porque fuimos niñas y tuvimos sueños. Porque hoy somos mujeres comprometidas en la construcción de mundos mejores. Porque somos parte de procesos donde tejemos con otros. Por eso nunca callaremos.

Esta es una guerra y no nos vamos a guardar nuestras armas. Nuestra arma más grande es la voz. Nuestras voces en nombre de todas las niñas asesinadas y de las que aún están vida.

Llenas de indignación, rabia, dolor y rebeldía.

Recopilación de palabras deMaría Dolores Marroquín, Maya Alvarado, Iduvina Hernández, Ana María Cofiño, Brenda Hernández, Silvia Trujillo, Colectivo Vida, Justicia, Libertad, Grupo Latinoamericano de Estudios, Formación y Acción Feminista, Tita Godínez, laCuerda, Verónica Sajbin, organizaciones feministas, de mujeres y de derechos humanos, Alba Cecilia Mérida y Paula Irene del Cid Vargas, entre otras. La juntura de las palabras fue realizada por Andrés Cabanas. 11 de marzo de 2017.