Amor: expectativas y realidad.

11pm: primer SMS de varios.

-Ay! Me escribió!!!-

Cosquillas en la panza. Sonreís con los dientes medio para afuera y se te da vuelta el mundo. Mmm…listo, ya está. Te convertiste en un naboleti del amor bastante importante. Pero está bien. Está perfecto. Así se supone que sea!

2am y seguís comiendo crédito a lo loco (cuando no había wi fi era así, un mes mi viejo casi me cuelga).

-Sí!!! Yo re banco a los gatos también!-

En realidad les tenés alergia. Pero no importa. Mientras tanto ya te estás imaginando tu vestido de novia y los nombres de tus hijos.

6am: ahora sí, finalmente te despedís. Mandás abrazos y besos. Cerrás lo ojos, sentís que volás y que el colchón en el que estabas en realidad era una nube. Terminó la charla pero sentís que podrías seguir y seguir. Y es que el enamoramiento nos hace eso. Nos da una fuerza que nos hace ir contra viento y marea. Pasamos noches desvelados, viajamos kilómetros y kilómetros para poder vernos media hora, le hacemos upa a un gato aunque nos brotemos, y la lista de acciones contra el sentido común continúa. No sólo eso, sino que el resto de los mortales nos miran achinados, haciendo un esfuerzo por entender el comportamiento de este par de extraterrestres. Pero no nos importa:

Estamos enamorados!

El enamoramiento inicial es una etapa única e increíble. Todo nos parece hermoso. Pensamos en la otra persona y sentimos que es perfecta para nosotros. Estamos hechos uno para el otro como dos piezas de un rompecabezas!!!

Lo que sucede es que de repente un día, sin esperarlo, pasa alguna cosita, chiquita. Y nos hace un ruidito raro. Inimaginado. Y decís: “me pareció a mi o me dijo que…no, no, no puede ser, o sí? Ella nunca me diría una cosa así”. O cosas como: “ay, que raro, me da el contestador, no creo que él se haya ido a dormir sin decirme buenas noches”. Nos cuesta aceptar que pasó, porque no nos gusta, y no encaja con nuestra “relación perfecta”, pero sí, pasó.

Alguien no cumplió con nuestras expectativas.

Pero, ¿acaso está mal esperar que sean atentos con nosotros? ¿Que nos traten con cariño? ¿Que piensen en nosotros y se ocupen de hacernos sentir bien? No! No está mal. De hecho encuentro que un nivel sano y balanceado de expectativas basado en el amor propio es necesario para una buena relación (recalquemos “nivel sano y balanceado”).

Creo que el problema no es las expectativas que tenemos (si es que son justas), sino cómo reaccionamos cuando no se cumplen.

Quizás lo más peligroso que se nos puede ocurrir motivados por el dolor es forzar a la otra persona a actuar como esperamos, haciéndolo ir en contra de su propia voluntad. Automáticamente le quitamos nuestro cariño y lo condicionamos a conveniencia, o decimos cosas hirientes para hacer sentir mal y usar la culpa y la lástima como aliados, o directamente vamos por la opción del silencio, arma mortal. Tenemos las mejores estrategias, pero solemos olvidarnos de que cuando estiramos un resorte, si se nos escapa de las manos, vuelve a su posición original, y lo hace con fuerza, y el chicotazo duele.

¿Realmente podemos ser felices cuando hacemos que la otra persona actúe como queremos aún sabiendo que si fuera por ella lo haría absolutamente de otra forma? Es una bomba de tiempo.

Ok, pero entonces, ¿es necesario resignarnos y eliminar nuestras expectativas o deseos?¿O nos tenemos que bancar todo lo que venga de la otra persona?¿Hasta donde está bien decir lo que pienso y esperar lo que me gusta?


Creo que gracias a Dios, su modelo es felizmente diferente al nuestro. Podemos encontrar un claro ejemplo de esto en Génesis 2. Allí se relata la creación del hombre y de la mujer. Dios decidió crearnos para tener una verdadera y profunda relación con nosotros, basada en el amor y la libertad. Él amó su creación y por eso, por decirlo de alguna forma, puso de entrada todas las cartas sobre la mesa.

15 El Señor Dios puso al hombre en el jardín de Edén para que se ocupara de él y lo custodiara; 16 pero el Señor Dios le advirtió: «Puedes comer libremente del fruto de cualquier árbol del huerto, 17 excepto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Si comes de su fruto, sin duda morirás».

Dios, de manera sincera, abrió su corazón y estableció las reglas del juego para esta relación Dios-hombre a estrenar. Sin embargo, no puso en el hombre un “alma de robot” para hacerlo prisionero de su voluntad. Por el contrario, le dio una propia, y libertad de hacer lo que quisiera. Luego quedó expuesto cuánto amaba y confiaba el hombre en su creador. Ya sabemos lo que pasó.

Ahora volvamos al plano de nuestras relaciones hombre-mujer. Obviamente, no somos Dios para establecer individualmente las reglas absolutas de nuestra relación. Pero sí es sano y necesario tomar su ejemplo y abrir el corazón. Ser sinceros. Permitir que a medida que se va dando el juego del enamoramiento y crece la relación, vayan saliendo a flote nuestras más profundas necesidades, gustos, deseos, objetivos, dificultades, esperanzas y todo lo que nos representa (al margen de esto, tengamos una comunicación clara pero no le quitemos la magia de que la otra persona vaya “descubriendo” estas cosas en nosotros).

Pero esto no es todo! Porque cuando logramos volcar el corazón, tenemos luego la posibilidad de dar una de las más grandes muestras de amor:

Otorgar libertad.

No forzar. Dejar ser. Esperar de la otra persona lo que ella misma tenga para dar. A veces será tal cual lo esperábamos, y a veces no. Lo cierto es que esto abre la puerta a la construcción de una relación sincera, basada en las voluntades de dos personas, que dialogan entre sí en un esfuerzo por amar de forma pura. De esta forma tendremos posibilidades de analizar nuestras expectativas, revisar si requieren ajustes, o si quizás necesitan replantearse y reforzar el diálogo.

Seguramente tendremos que ser muy pacientes en este desafío, pero, atención, también tendremos que saber cuándo poner límites!!! Dios mismo lo hizo cuando recibió por respuesta la desobediencia del hombre. Esto no quiere decir que cuando nos lastiman estamos habilitados a castigar! Pero sí que es necesario poner un freno cuándo sobrepasen los límites personales abusando de la confianza y libertad que dimos. Es duro, pero va a pasar. Y no significa necesariamente el fin del camino! Significa que sigue habiendo trabajo para hacer.

Continuemos lentamente, con paciencia, y amor, mucho amor, siguiendo el modelo de Dios a cada paso. Nuestra respuesta a la libertad que Él nos dio le costó caro, muy caro. No podría haber pagado un precio mayor!


No hay mayor satisfacción en nuestras relaciones que ser amados por quien Dios puso a nuestro lado de manera pura, real, motivado por su propia voluntad, con todas sus cosas buenas y hermosas, y con las…digamos…más o menos buenas y hermosas.

Amor. Sinceridad. Libertad. Paciencia. Límites. Amor.