Una necesidad

Enero, 3.

Hoy al abrir los ojos en la mañana, quise hablarte y encontré un oído atento hacia mi. Tuve ganas de conversar contigo, decirte buenos días y empezar el día con expectativa de lo que tú ibas a hacer con mi vida. En el correr de las horas, tu me hacías sentir que realmente me estabas escuchando cuando yo pronunciaba tu nombre. Traías a mi mente cosas hermosas en que pensar, aumentabas mis ganas de seguir creyendo en ti. De mi boca salían palabras de fe. Me alegraste en cuanto te busqué. Te mostraste a mi cuando decidí entregarte mi vida, mi día. Desde ese momento en que yo te dí los buenos días Espíritu Santo, sentí la necesidad de darte las gracias demostrando interés en ti. Porque si realmente amamos a alguien, debemos darle de nuestro tiempo, solo así podremos conocerla. Así hice contigo. Cada día quiero conocerte un poco más. No es una obligación adorarte, es una necesidad. Decirte que te amo, hacer una oración, entonar una canción, dedicarte mi vida…

a veces se hace rutinaria la vida secular, y dejamos de lado el amor de Dios. Es bueno aprender a administrar los tiempos y darle nuestra vida a aquel que nos permite tenerla. Deja lo que estás haciendo y enamórate de Jesús.