Revisita a una disculpa
Hace tiempo escribí en un archivo de Word al azar, una disculpa para mí mismo por no haber entrado a estudiar Letras.
El archivo de Word debe de estar por ahí, en alguna de esas carpetas que creo a cada rato con diferentes nombres porque, según yo, encuentro una categoría adecuada para encasillar mis escritos. Pero esas carpetas y ese hábito son otra historia. Una historia de capítulos a medias. El caso es que recuerdo ese archivo, pero no me dan ganas de buscarlo y releerlo. No sé si me da miedo o si lo creo innecesario porque ahora estoy escribiendo algo similar.
En esta ocasión no pretendo pedirme disculpas (aunque es probable que lo termine haciendo, quién sabe), sólo necesito ponerme en orden, supongo. Sucede que pensé que eso ya había pasado, que ya había sanado. Recuerdo que la maestra M me dijo, cuando le halaba sobre mi pesar por no estar estudiando literatura, que la culpa era toda mía. Así mismo. Me sorprendió muchísimo, y solamente pude reconocer que tenía razón. Que mi sentir no era culpa de la licenciatura que curso, ni de mis profesores ni de mis compañeros. La culpa no era de nadie más que mía. Y la acepté, con mucha tristeza y unas cuantas lágrimas de por medio.
Realmente me sentí muy triste. Se lo conté a Jorge y él me dijo que no me culpara; sólo había respondido a mis circunstancias. Me tranquilizó un poco y hablamos de eso. Que si era muy caro irme, que sí la hubiera armado, pero habría necesitado mucha ayuda y habría molestado a mucha gente, que iba a ser mucha presión, que lo único que quería era no meter en un lío a mis papás, que si podía trabajar y estudiar, que fui muy cobarde… Un montón de cosas. Supongo que al final del día sólo tuve mucho miedo y pensé en lo mejor para no-sé-quién y no-sé-qué. Supongo que no me quise arriesgar. Y me doy cuenta que eso me sigue pesando. Realmente me hace sentir mal conmigo mismo y no sé cómo soltarlo.
Siento que no supe elegir lo que quería. Es decir, incluso “respondiendo a mis circunstancias”, aceptando el miedo; me quedé y no supe elegir lo más adecuado. O no sé. Dice Milán Kundera algo como que uno nunca podrá saber si en su vida tomó las decisiones correctas porque no se tiene otra vida para contrastar estas decisiones. ¿Qué hubiese sido lo más adecuado? No lo sé. Incluso no puedo decir que lo más adecuado hubiese sido irme. No sé si realmente tiene sentido lo que estoy expresando, pero es que al final se trata de que no lo sé y nunca lo voy a saber. Lo que sea que piense, es una idea nada más.
Las ideas. Tengo una relación bastante particular con las ideas. Con lo ideal. Porque soy un romántico y creo que los ideales se pueden alcanzar, que eso que se puede pensar, imaginar, bosquejar, cómo sea, puede ser real. Y aún no puedo soltar la idea de que estaría inmensamente feliz estudiando una licenciatura en Letras.
Pero justamente ese es el problema: idealizar. Cuando uno idealiza cosas corre el riesgo de casarse con lo idealizado y, al no ocurrir de esa manera en la realidad, se nos viene el mundo abajo. Y todo pierde sentido. La expectativa no se cumple. El sueño se frustra. Es como un golpe directo a la nariz.
Yo no sé si estudiar Letras sea mi quehacer académico ideal, por expresarlo de alguna manera. Lo único que sé es que de verdad me apasiona la literatura. El lenguaje que cuenta historias. El lenguaje que crea imágenes. El lenguaje que conmueve. Y es ahí donde lo he encontrado. Y es que tengo muchas preguntas al respecto que no sé cómo contestarme y no sé por dónde empezar siquiera. Lo único que sé es que no las estoy respondiendo en la licenciatura que estoy cursando.
Ya hace tiempo pasé por el conflicto que me causaba estar en un lugar donde creo que no debería estar. Es decir, ocupando un lugar en esta licenciatura. Y es que al principio estaba muy entusiasmado por continuar mis estudios, porque estaba en la universidad. Realmente estaba muy motivado porque al fin había ingresado a la licenciatura, a pesar de no haberlo hecho con la generación que “me correspondía”. Empezaba a aprender cosas nuevas, muchas de ellas me llamaban la atención. Pero al final del día siempre estaba la literatura ahí, y las preguntas que me hacía al respecto eran las que más me quitaban el sueño. Realmente la literatura me apasiona y no sé qué hacer con la enseñanza de segundas lenguas/lenguas extranjeras.
No quiero que se me malinterprete, realmente no tengo nada en contra de la enseñanza de lenguas. Es algo bastante interesante de estudiar y de llevar a cabo, además de demandante. Pero no es para mí. Y es que yo no sé qué voy a terminar haciendo. Sólo sé que me apasiona la literatura; quiero hacer literatura, escribir sobre ella, difundirla, enseñarla. No sé cómo, pero es justamente lo que quiero descubrir y aprender a hacer. Incluso soy feliz corrigiendo textos.
De alguna manera, casi siempre me las he arreglado para terminar haciendo lo que me gusta, y creo que eso está muy bien. Sin embargo, me siento muy contrariado. Ya quiero que termine la licenciatura, quiero dedicarme de lleno a lo que me interesa, estudiar una maestría. Entonces sucede que en mis prácticas pre-profesionales de la universidad, voy a ser instructor en un taller de redacción. Y aquí hay más sentimientos encontrados: estoy emocionado porque me apasiona la escritura y la corrección, enseñar algo así me parece maravilloso. ¡Pero nunca he estado frente a grupo! Y se supone que he aprendido algo sobre diseño de cursos al simularlos en la licenciatura, pero siento que no sé nada ni de redacción ni de diseño de cursos. Estoy muy nervioso y tengo miedo.
(Al parecer el miedo siempre me persigue.)
Creo que ya fue suficiente palabrería. Me doy cuenta que siempre me persiguen las mismas cosas: alcanzar mis ideales, la incertidumbre de que no se cumplan como tal; el querer hacer algo y el miedo que me ataca al presentarse la oportunidad, siempre siento que no estoy listo, que no sé nada. Como siempre, termino con más preguntas de las que me puedo contestar. ¿Cuándo deja uno de tener miedo a lo desconocido, a lo que nunca ha hecho? ¿Es cuestión de la edad, es porque soy muy joven? ¿Cómo uno puede estar seguro de que sabe algo o sobre algo? Estas son ahora las preguntas que no sé cómo contestarme.
Lo que sí sé contestarme, supongo, es por qué me siento como me siento. O cómo me sentía al iniciar este escrito. Es que me equivoqué de licenciatura y no lo he terminado de aceptar. Por eso me pesa tanto.
