¿Por qué no me encontrás en Tinder?

Ya todos sabemos cuánto adoro las redes sociales con su humor absurdo, sus comunidades oscuras y sus torrents para mis melodramas gringos. Diferente de lo que muchas personas piensan, las redes sociales no están revolucionando nada: simplemente magnifican y simplifican las tendencias y conductas más elementales de la humanidad. El humor de cuarta categoría existía antes de los momazos, la porno estaba pintada en burdeles romanos y la piratería es más antigua que mi copia ilegal de la película de Disney con Johnny Depp como Jack Sparrow.
Como cualquier millennial con demasiado tiempo entre sus manos, uso Facebook, Twitter e Instagram para darle voz a mi opinión y crear contenido de entretenimiento. A veces me interesa generar una conversación en torno a sus temas o acaso solo divertirme un rato. Sin embargo, no pasa una semana sin que reciba una propuesta amorosa de un hombre desconocido que, ignorando completamente lo que sea que yo haya dicho o compartido, viene montando su mamut y empuñando su lanza de pedernal para asegurarme que le parezco atractiva.
Sí, sé lo presumida y ridícula que suena esa oración, pero mi verdadero punto es que estoy cansada de pensar que mi apariencia física es mi único valor público. Estoy harta de todos los mensajes que me solicitan información exhaustiva de mis presentaciones de comedia y nunca llegan. Estoy aburrida de compartir artículos e invitaciones a shows que reciben un cumplido para mis ojos. Simplemente me indigna que la gente se interese más por mi disponibilidad sexual que por lo que estoy creando y logrando.
Muchas personas me han sugerido que presuma a mi pareja y anuncie en todos lados mi estado sentimental, pero francamente pienso que ese no es el problema. El verdadero problema es que tenemos una sociedad que percibe a las mujeres como una oferta adquisitiva. Para los tipos que me escriben, yo no soy una escritora ni una comediante, sino una mujer que necesita estar confinada a una relación como característica definitiva. No son invitaciones para “conocerme” sino para imprimir sobre mi cara su concepto de una novia. Estamos en el Siglo XXI y continúan esas actitudes tan retrógradas y sexistas que le cierran puertas a las mujeres en el arte y limitan su alcance porque siguen comparándolas con base en su capacidad para cogérselas. Poco me sorprende que uno de los shows de comedia en Guatemala se titule “Sin ellas” y perpetúe ese estereotipo de las mujeres como blanco de los chistes y objeto del deseo masculino.
Déjenme poner esto lo más claro posible: sí, soy mujer y soy artista. Estoy trabajando continuamente porque quiero crear algo que nadie más tenga. Hasta que ustedes tengan más opiniones sobre mis ideas y mi trabajo que sobre mi cuerpo, por favor vayan a perder su tiempo en Tinder. Afortunadamente, no lo tengo instalado.
