Rostros impresos en el Segundo Imperio.

La pareja imperial 1863–1867.

Hace unos meses presente una ponencia en el COLOQUIO “HORIZONTES EN DISPUTA: A 150 AÑOS DEL SEGUNDO IMPERIO Y LA RESISTENCIA REPUBLICANA, 1865–2015, organizado por la Universidad Autónoma Metropolitana campus Azcapotzalco, el objetivo de ese encuentro fue abordar el Segundo Imperio Mexicano desde distintos puntos de vista, mi participación fue en la Mesa Literatura y Bellas Artes I.

El tema que decidí abordar fue la construcción de la imagen imperial, a través de un análisis sobre la evolución de la imagen de la pareja imperial constituida por Maximiliano de Habsburgo y la princesa Carlota, durante dos etapas[1] la previa a su llegada a la Ciudad de México y la segunda que corresponde a su efímero gobierno que cubre entre 1864 a 1867, es importante aclarar que si bien existen diversas imágenes fotográficas, litografías y oleos que retratan la caída del Segundo Imperio, estás no son imágenes que hayan sido producidas o construidas por los allí retratados.

[1] Aguilar en La fotografía durante el imperio de Maximiliano, divide en tres etapas el uso de la imagen de la pareja imperial “propaganda imperialista” ,“fotografías de promoción” y “ las que se refieren a la caída del imperio”.

La familia imperial de la “Casa Habsburgo” Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, México.

La fotografía en México llego de forma muy temprana, imágenes de Jean F. Prelier dan cuenta del puerto de Veracruz en 1839, la Catedral Metropolitana en el Zócalo de la Ciudad de México (1840) y los daguerrotipos que capturan los rostros de la sociedad mexicana. Se empieza a construir una cultura en torno a la “imagen fiel” es decir la fotografía, que si bien la pintura ya ocupaba un lugar destacado en generar capsulas de tiempo entorno a la imagen.

La innovación tecnológica compite frente a los oleos, su reproducción y su costo será uno de los factores que aventajará en su pronta aceptación y “El cambio técnico… al proceso de colodión húmedo, y a uno de sus más duraderos subproductos: la tarjeta de vista que atesta, finalmente, el golpe de gracia al daguerrotipo, dando paso a la multi reproducción.”[ De los Reyes, No queda, 2002, p. 143] Así los pequeños retratos lograrán romper el “cerco de la discreta intimidad, pues se utilizaban para mostrar un prestigio individual. La clave de su éxito radicaba precisamente en su naturaleza pública, pues al ponerse al alcance de los otros […] inaugura un espectáculo de pequeñas dimensiones pero de extensísima cobertura”[ Massé, Cruces, 2000, p. 16.]

Los retratos impresos en la tarjeta de visita constituirán “un practico objeto de promoción social y acreditación visual de las personas –producto de la naciente cultura visual-, este tipo de retrato genero una particular conciencia colectiva del cuerpo (el rostro, el vestido, los ademanes) y la representación de la identidad social que procuró afianzarse en la elegancia y la distinción.”[Massé, Cruces, 2000, p. 19] Así la tarjeta de visita y las fotografías de la segunda mitad del siglo XIX contendrán diversas construcciones sociales que se desean representar a través de la imagen.
L. Garcés, Fernando Maximiliano,Litografía Viuda De la Murguía e Hijos, 1873.

La fotografía en las casas reales europeas ya era utilizada de forma importante en la sexta década del siglo XIX, así las imágenes de los emperadores, princesas, primeros ministros y militares recorrían las calles del viejo continente. El formato más utilizado para estos retratos era la tarjeta de visita, la Casa de Habsburgo no era la excepción, la fotografía de la familia imperial era un asunto de Estado. Un ejemplo claro son las imágenes donde aparecen los futuros monarcas: Francisco José (Austria) y Maximiliano (México).

Durante la “Guerra de Secesión norteamericana y del Segundo Imperio mexicano la fotografía adquirió un auge vertiginoso. En México, entre el comienzo de la Intervención francesa y el fin del Imperio, se multiplicaron los estudios fotográficos.”[Ratz , Querétaro, 2005, p. 25] Se instalaron en las calles de la Ciudad de México los despachos fotográficos que retrataron a la corte imperial, en los que destacan el de François Aubert, Antíoco Cruces y Campa y Julio Balleto; cabe resaltar que aun después de la caída del gobierno de Maximiliano estos estudios continuaron retratando a la sociedad mexicana e incluso a sus gobernantes.

“El factor histórico se atribuye a los efectos sobre la circulación, comercialización y propaganda que sobre la imagen fotográfica tuvo la existencia del Segundo Imperio mexicano y sus figuras protagónicas: Maximiliano y Carlota”[ Negrete, Valleto, 2006, p. 35] y persistió a lo largo del siglo XIX.

Durante el Segundo Imperio se incrementó el uso de las tarjetas de visita que permitía una circulación relativamente amplia de las imágenes entre el sector que podía adquirir u obtener estas tarjetas. Es importante destacar que el uso del retrato en albumina como mecanismo de difusión de la imagen personal no fue de uso exclusivo de la pareja imperial, la mayor parte de la corte y de la elite militar del fugaz imperio también se fotografió. Fue así que “el gobierno de Maximiliano y Carlota se caracterizó por la explosión en México de la fotografía en formato tarjeta de vista y de la llamada albumina sobre todo entre los miembros de la corte…”[ De los Reyes, No queda, 2002, p. 144.]

Las fotografías en sus distintos formatos dieron a conocer los rostros de la pareja imperial, si bien la producción del retrato tal vez no cuenta con la rigidez artística que contempla el óleo no se debe omitir que durante la segunda mitad del siglo XIX, la representación de los emperadores, constituía un asunto de Estado “pues con ellos se trataba de mover voluntades y atraer lealtades.”[Acevedo, Bellas, 1995, p. 7]

El grupo conservador que trajo a los integrantes de la Casa de Habsburgo consideró imprescindible crear una imagen pública favorable, “la Regencia — que preparó durante un año la entrada concreta y simbólica de los príncipes europeos- sabía que para convencer a la población analfabeta de los beneficios que traería un emperador no bastaban ni los discursos ni volantes. Había que añadir el culto a la personalidad a través de la imagen.”[ Quiarte, Primer, 2012, 283 p]

Las fotografías que buscan el objetivo de la construcción de una imagen imperial aparecieron de forma temprana en los diarios de la época, así la imagen de Su Alteza Imperial ya era publicada en enero de 1864 en el Pájaro Verde a plana entera. Arturo Aguilar Ochoa identifica esta etapa de la difusión de la imagen como la “propaganda imperialista”[ Aguilar en La fotografía durante el imperio de Maximiliano, divide en tres etapas el uso de la imagen de la pareja imperial “propaganda imperialista” ,“fotografías de promoción” y “ las que se refieren a la caída del imperio”.] e incluso “en enero de 1865 antes de su llegada [de los emperadores] se inició la venta masiva de sus retratos en formato `tarjeta de visita, para darse a conocer.” [ Aguilar, Fotografía, 1996 26p]
Maximiliano de Habsburgo, Querétaro, 2 de mayo de 1867.

En conclusión podría señalarse que las fotografías, de la pareja imperial, son retratos que dejan de lado el uso de la utilería y los artículos constituían las pantallas de fondo para dar pie a un ambiente de sobriedad donde se prefiere “la desnudez escénica (que podría resultar chocante para el gusto burgués) [y esta] no desembocó en la rigidez ni severidad extrema; más bien sacaron provecho de ella para trabajar con la gestualidad.” [ Aguilar, Fotografía, 1996 26p] Así se observa a los emperadores en retratos donde la escenografía no existe y donde la hay, como en el caso donde Maximiliano posa sobre un cojín, no constituye un elemento primario en la fotografía: los rostros de Maximiliano y Carlota constituirán el eje visual de la imagen encapsulada.

Se observará un cambio en la vestimenta, en el caso de la princesa belga será transformada de la moda burguesa parisina a los encajes refinados dignos de su calidad imperial. Es notable que en los retratos de Maximiliano se incorporan, como elementos icónicos, las medallas, mazas de mando, capas de armiño y uniformes militares que en su conjunto permitirán al observador distinguir la imagen del Emperador de la de un príncipe burgués de la segunda mitad del siglo XIX.

Así “El imperio y su boato necesitaban de la imagen para codificar, constatar y perpetuar en el recuerdo una situación de excepción en el país: ser gobernados por un emperador de verdad…”[ Negrete, Valleto, 2006, p. 127], para la Dra. Acevedo esta imagen que pretende Maximiliano de Habsburgo es la del “pacificador y conciliador” de los intereses nacionales y no la de un “guerrero o conquistador” que llegaba a un país con un ejército invasor, sin dejar de lado la construcción estética.

François Aubert, Emperador Maximiliano I de México, 1866.

Bibliografía:

Acevedo, Valdés María Esther, “Las bellas artes y los destinos de un proyecto imperial, Maximiliano en México 1864–1867”, Vol. I, 1995, Tesis de doctorado México, FFyL-UNAM. 254 p.

Aguilar, La fotografía durante el imperio de Maximiliano, México, UNAM/IEE, 1996, 195 p.

Becerril, Hernández Carlos de Jesús, “Símbolos, ceremoniales y fiestas de palacio durante el segundo imperio mexicano” en Bicentenario, El ayer y hoy de México, Instituto Mora, Vol. 5, núm. 20 abril-junio 2013, pp. 22- 29.

Burke, Peter, Visto y no visto, El uso de la imagen como documento histórico, Barcelona, Biblioteca de Bolsillo, 2005, p. 285

De los Reyes Aurelio, No queda huella ni memoria? : semblanza iconográfica de una familia, México, UNAM/IEE/Colmex, 2002, 395 p.

Ginzburg, Carlo, “Huellas. Raíces de un paradigma indiciario” en Tentativas, Universidad Michoacán de San Nicolás de Hidalgo, México, 2003, pp. 93 -155.

Massé, Zendejas Patricia, Cruces y Campa Una experiencia mexicana del retrato tarjeta de vista, México, CONACULTA, 2000, 66 p.

Mraz, John “¿Qué tiene de documental la fotografía? Del fotoreportaje dirigido al fotoperiodismo digital” en Zonezero, enero 2003, <http://www.zonezero.com/zz/index.php?option=com_content&view=article&id=970%3Awhats-documentary-about-photography-from-directed-to-digital-photojournalism&catid=5%3Aarticles&lang=es>[Consulta: 15 de noviembre de 2013.]

Negrete Álvarez Claudia, Valleto Hermanos fotógrafos mexicanos de entre siglos, México, UNAM/ IIE, 2006, 183 p.

Ratz, Konrad, Querétaro: Fin del segundo Imperio mexicano, México, CONACULTA, 2005, 419 p.

Salado, Álvarez Victoriano, Episodios nacionales mexicanos IV, La intervención y el imperio, México, FCE, 1984, 757 p.

Quirarte, Vicente, “El primer día de la ciudad imperial”, en Patricia Galeana (coord.) en La resistencia republicana en las entidades federativas de México, 2012, Siglo XXI, pp. 277- 323.

Panofsky, Erwin Estudios sobre iconología, Madrid, Alianza editorial, 2010, 348 p.