El camino

El mediodía estaba próximo. Ella dejó atrás el bosque y pisando una huella, dirigió la vista hacia su derecha. El otoño entregó una amable brisa que cerró sus marrones ojos y causó un suspiró. No se atrevió a completar la panorámica y el sector izquierdo fue solo un borrador mental. Las pulsaciones se dispararon y la busqueda de una explicación solo aceleró la hostil taquicardia. Respiró profundo intentando quitar el malestar, dobló su torso hacia adelante usando sus brazos de pilares sobre sus piernas, se enderezó, se cubrió la cara con ambas manos tratando de dejar de lado ese remordimiento inexplicable y caminó hacia su derecha. Algunas aves componían el entorno sonoro, no mucho más.

La joven viste atavíos que la historia no reconoce. Una camisola gris se superpone a unos pantalones azules, casi negros. Los pies están resguardados por el cuero seco de algún animal que guardan en rústica caligrafía un nombre: Egle. Carga en su hombro un morral.

Mientras se deja guiar por el camino tibiamente marcado, los pensamientos le duelen. Es que no recuerda nada antes del bosque. La forma humana le resulta poco familiar, más allá de las miradas esporádicas que lanza constantemente hacia sus extremidades.

Anochece…