
El día después
Y es que estamos tan acostumbrados a escuchar promesas y que no sean cumplidas; desde el si te portas bien te voy a llevar al cine; si haces la tarea te voy a regalar un juguete, si votas por mi voy a generar una ciudad próspera… que conforme vamos creciendo nos vamos haciendo inmunes a creer.
Pero, ¿qué pasa cuando de verdad ocurre?, ¿cuando lo que prometen lo cumplen?, lo qué pasa es que como nadie se la cree, cuesta trabajo arrancar porque no estamos preparados y ese día hay descontrol e ingenuidad.
Y si la promesa cumplida implica que generes un esfuerzo, más allá de tus hábitos cotidianos?, como hacer ejercicio y seguir una dieta para mejorar tu salud?, entonces lo más probable es que prefieras no comprometerte porque -llegamos al meollo del asunto- también desconfías de ti mismo.
Entonces florecen las justificaciones recurrentes para no inmiscuirse por ejemplo en un “voy a adelgazar”:
- Yo era delgada hasta que me embaracé.
- Me gusta hacer ejercicio pero no me da tiempo.
- Soy de familia que tiende a engordar.
Solo éstas tres suenan conmovedoras…
Olvídalas vamos a contraatacar a la mente, busca el entorno adecuado, la gente precisa que pueda reforzar tus ideales… los demás, a lo mejor te llamen “ridícula@” a lo mejor se burlen, ni modo es la cuota que tienes que pagar para poder dar el salto y cambiar tu realidad.
Considera esto como solo un problema técnico menor de la maquinaria, mándala al taller y ponla a nadar!
Angie Gil
@AngieGilM
