No quiero ir a la escuelita.


Me llevaba mi papá en el asiento de atrás de su bicicleta, yo llevaba mi mochila en mis piernitas e iba rogando porque algo pasara para no llegar a mi primer día de la primaria, no sucedió, llegamos, me puso la mochila en mis hombros me dio un beso y me dijo “disfrútalo”, hasta la fecha es una palabra que usó aún en los momentos en los que suena raro.

Y hoy después de 30 años de sucedido ese hecho, me he quedado sorprendida porque resulta que el sentimiento del primer día de clases hoy por hoy para mi es el mismo, ahora lo entiendo y lo degluto de forma racional tratando de minimizar el miedo, si el miedo.

Y dicho en otras palabras, el salirme de mi zona de confort, de conocer un espacio nuevo, de convivir con personas extrañas, y si todos me caen mal? O si yo les caigo mal?, o peor si le caigo mal a la maestra?, si no quieren comer conmigo a la hora del recreo?, y si? Y si? Y si?, me siguen generando ese agujero en el estomago de avanzar hacia lo desconocido.

Angie Gil

instagram/ angiegil.oficial