Debió ser el camino. Eso. Eso debió ser. Debió ser que vos ardías y en ese ardor intenso, en esa llama inquieta, en esa pulsión desesperada de encontrar, nos encontramos.Debió ser tu mirada o el producto de mi mirada prendiéndose de la tuya, o la caricia que no llegué a darte pero anhelé y ese anhelo naufragó gigante en tu insconsciente y entonces pude atravesar las paredes de tu mente, y encontrarte. O Quizás, no sé…quizás fue que te vi y te miré, tal vez sin verte en profundidad pero sí viéndote con sinceridad, como quien tiene entre las mangas un as que le permite hacer una movida mucho más firme, más certera. Pero no había un juego, o sí, no sé… depende de qué entendamos como juego. Está el hecho de haber querido llegar a vos y de aproximarme, de acercarme; de mirarte algunas veces desde lejos (como una gata) una gata que espera el movimiento ajeno para moverse sin ser trémula, pero nada de eso, nada de ese momento primigenio fue utilizado en tu, mí o en nuestra contra. Entonces me refiero al juego por la ingenuidad, por la forma, por entender la vida como un juego y en definitiva pienso que esa y no otra, es la forma del amor.

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