Un método para detener el tiempo, aunque sea por un momento.

Por Angela Parra

(Imagen: Internet)

Darnos una ducha larga resulta tan placentera… casi, casi como un orgasmo debo de admitir; imaginarnos cosas que nos gustaria que pasaran, entablar conversaciones ficticias con personas a las que ni siquiera les decimos “hola”, pensar en cosas del pasado que nos lastimaron y desear que nuestro futuro sea más que prometedor…

En ese momento pareciera como si el tiempo se detuviera, pareciera como si pudieramos desaparecer un poco de la realidad y desechar lo superficial; Encontrarnos en el baño… desnudos, solo cubiertos con nuestras ideas, pensamientos y conversaciones internas, mientras la regadera hace que el agua fluya llevandose a su paso lo que deseamos que se vaya y así poco a poco que todo eso escurra por nuestro cuerpo.

Para mí una buena ducha placentera como esa, consta de un poco más de tiempo que lo habitual y creo que la gran mayoria solemos colocar la música de nuestro reproductor en modo aleatorio, de esta manera empezamos a cantar y no importa si nos escuchan, luego justamente pareciera que el tiempo hace lo suyo y empieza a sonar una canción que te recuerde a algo o a alguien, tu corazón se acelera y con ello vienen un sin fin de pensamientos, te dejas llevar, la música suena, el agua fluye y te topas con la parte más sincera de tu ser, te das cuenta que estas solo que puedes ser tu mismo, que puedes llorar si quieres porque al fin y al cabo el agua que cae sobre ti se lleva todo a su paso, te das cuenta que la soledad es tu compañia ocasional y no tu enemiga, te das cuenta que tomarse la vida tan deprisa no sirve y que son las pequeñas cosas de la vida por las que vale la pena sufrir; y así va pasando canción tras canción… Te topas de frente solo con tu desnudez, solo contigo mismo, solo con tus recuerdos y utilizamos la ducha como nuestro momento de relajación… Sin un fin o pensamiento sexual, una ducha larga puede ser nuestra aliada, nos puede ayudar a tomar desiciones, nos puede ayudar a llorar y sacar lo que nos lastima, nos puede hacer sentirnos mejor, estimula nuestra imaginación y nos ayuda a repasar el diálogo si por fin logramos hablar con la persona que nos gusta, nos ayuda a tomar valor y pensar las cosas que le diriamos si nos encontramos a alguien del pasado… Trae tantos beneficios, que solo es cuestión de elegir un día cualquiera y tomarnos unos cuantos minutos para cantar, bailar, llorar, reir, imaginar y soñar… Luego volvemos a la realidad, nos damos cuenta que las yemas de nuestros dedos parecen pasitas y caemos en cuenta de que no debemos gastar más agua de la necesaria pero que importa es solo una vez al tiempo y son situaciones en las que volvemos hacer niños…

Despúes de una ducha así, nos sentimos renovados… nos sentimos limpios de tanta superficialidad diaria… nos sentimos nosotros.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Angy Parra’s story.