Una tarde de cafe conmigo.

Por Angela Parra

Despúes del gimnasio decidí recuperar las calorias perdidas con un capuccino (de hecho estaba buenisimo), despúes de todo el ajetreo cotidiano me relajé mientras esperaba a que llegara mi acompañante.

En esos momentos de soledad es cuando empiezo a disfrutar de mi compañía y empezé a compartir el capuccino conmigo; le dí un vistaso a mis 24 años de vida, le dí un vistaso a la vida misma, me cuestione y me enfrente de nuevo a mis miedos, decidí que era hora de cambiar ciertos aspectos, de olvidar personas que no aportaron nada y de hacer lo que realmente quiero… Me sorprendí porque me sentí culpable, me sentí egoista pero tambien me sentí más adulta, más capaz…

Me falta valor para hacer ciertas cosas y las circuntancias hacen que no realice otras más, aveces cuesta entender que no siempre tenemos la razón y que las cosas tienen que pasar en el momento justo.

Entendí que no estaba bien forzar el tiempo y que si me atraso no importa, entendí que debo amarme más, que debo mandar al demonio lo que no me hace bien y que no importa las veces que me caiga porque esas son las cicatrices de guerra.

Por cierto el capuccino se enfrío y él por fin llegó…