Adiós, Bruselas

Se acabaron mis aventuras en Bruselas; al menos, por un tiempo. Tengo un billete de ida a Barcelona, donde probablemente me tocará empezar de nuevo tras más de tres años en Bélgica y, sobre todo, tras el que probablemente sea la primera gran hostia que me llevo a nivel profesional.

El pasado mes de marzo terminé las prácticas en el Parlamento Europeo, donde aprendí un montón sobre la Unión Europea, el día a día de las instituciones y qué significa comunicar Europa. Antes incluso de terminar las prácticas, ya había empezado a enviar currículos para quedarme en Bruselas: lo probé con una eurodiputada (no española, por cierto), ONGs, consultoras, instituciones, you name it. Pero siempre en la denominda ‘burbuja europea’ de Bruselas. De vez en cuando me respondían, una vez incluso quedé segunda entre 320 candidatos para un puesto de trabajo fijo; pero en la mayoría de casos a penas me ofrecían prácticas, y muchas de ellas, no remuneradas. Pero eso da para otra historia…

Haré un fast forward hasta principios de abril cuando tuve una última entrevista con una consultora que fue simplemente un desastre. Me hablaron sobre el trabajo y las tareas de las que supuestamente me iba a ocupar no tenían nada que ver con la descripción que leí en la web cuando lo solicité. Y mostraron una actitud de lo más arrogante (el jefe de la empresa me soltó literalmente que los catalanes “¡sois una pandilla de arrogantes y tozudos!”, true story). Tras la entrevista, cogí el metro hacia Schuman y, al bajarme, me di cuenta de algo:

De que yo vine a Bélgica (primero en Leuven, después en Bruselas) en 2014 porque quería ser periodista e informar sobre Europa.

Las circunstancias me habían llevado a que trabajar más en temas de comunicación, redes sociales y relaciones públicas — lo que disfruté, pero no, no era lo mismo. Y tampoco es que hubiera intentado *de verdad* hacerme un hueco en el periodismo, y menos en Bruselas.

La cosa fue más o menos así:

YO: “…pues, ¿sabes qué? ¡¡¡Voy a cumplir mi sueño!!!” 💪💪💪

Dos minutos más tarde:

YO: “eh… esto… a ver… vale, pero ¿y yo ahora por dónde empiezo…?”. 😶😔

(es que las reacciones con emojis se explican mejor)

Así que hice una lista de todo lo que necesitaba poner en orden (desde temas puramente burocráticos hasta toda una lista de contactos potenciales) y me dije a mi misma: “¿por qué no?”.

Decidí saltar a lo desconocido, pero no sin antes tener una charla/llorera por Skype con mis padres durante casi una hora. Estaba emocionadísima por tomar esa decisión, pero me sentía completamente perdida y, sobre todo, muerta de miedo. Pero decidí tirarlo adelante porque si no lo intentaba ahora no iba a intentarlo nunca, y decidí hacerlo público en redes sociales para, en parte, forzarme a mí misma a luchar por ello y tener con quien “rendir cuentas”.

Spoiler alert: no ha funcionado.

No sé si tal vez fue un error, pero descarté medios españoles (a nivel nacional, digo) de inmediato: los corresponsales españoles en Bruselas son muchos, con mucha experiencia, y a quienes admiro de corazón: ¿qué iba yo a hacerme un hueco allí, o incluso competir con ellos?

Los medios catalanes con los que contacté, nuevos en su gran mayoría, *sólo* me comprarían piezas relacionadas directamente con el proceso de independencia catalán. Ha sido el medio ‘europeo’ EUobserver quien me ha dado una oportunidad, y he estado cubriendo noticias relacionadas con educación y juventud a nivel comunitario. Una oportunidad por la que nunca dejaré de estar agradecidísima.

El caso es que empecé a publicar hace cosa de un mes y medio, pero ni por asomo puedo mantenerme y menos en Bruselas. Busqué trabajos que pudiera compaginar con el periodismo y casi me convertí en guía turística por la capital. Sin embargo, cuando me tocó empezar, me di cuenta de que no había tour que me tocara cubrir que no coincidiera con alguna rueda de prensa/evento/sesión de las instituciones. ¡¿Por qué no existe todavía el giratiempo de Harry Potter!?

En resumidas cuentas, que, ingenua de mí, pensé que iba a ser cuestión de meses hasta que pudiera asentarme definitivamente y poder trabajar de lo que quería y combinarlo con algún otro trabajillo. Errrrrrrror. Ahora mismo estoy con las manos y los bolsillos prácticamente vacíos, así que toca abortar misión.

Hago las maletas y el viernesvuelvo a casa por un tiempo. Seguramente vuelva a las aulas y curse un máster en Barcelona. Mientras tanto, intentaré seguir publicando, escribiendo y mejorando para así volver a Bruselas a por un segundo asalto.

También me toca irme porque la incertidumbre ya se ha cobrado unos cuantos ataques de pánico. Prácticamente todo me irrita y me pone de los nervios, y la salud mental es lo primero. Vuelvo a casa para descansar y, sobre todo, reflexionar.

Hasta hace unos días, volver a casa significaba volver como una loser, una humillación y un paso atrás en mi carrera. Al fin y al cabo, tras estos años en Bruselas, había hecho un gran esfuerzo en intentar construir algo aquí.

Pero lo que es seguro es que, tras estos últimos meses, me llevo un montón de lecciones en la maleta. La primera de todas, que quizá es necesario dar un paso atrás para prepararse, coger carrerilla e ir más lejos.

También he aprendido (que ya lo sabía, pero una no se hace a la idea de ello hasta que lo vive directamente) que las oportunidades no vienen solas y que hay que llamar a la puerta y echarle morro: tanto para establecer contactos, como para sacarte alguna historia. Ojalá le hubiera dedicado más tiempo a contactar con gente que hubiera podido guiarme por el camino. Ojalá, en vez de estar ansiosa y echar a llorar por la incertidumbre, hubiera salido y, simplemente, me hubiera puesto a buscar y contar más historias.

Sin duda, también he aprendido que hay gente dispuesta a darte una oportunidad y ayudarte. Estaré eternamente agradecida al EUobserver y a los corresponsales europeos a quienes he conocido en algún evento o de pura casualidad y me han tendido la mano con un “tomemos un café un día de estos y me cuentas qué te traes entre manos”. Nunca se me ha dado bien pedir ayuda, y creo que éste es el momento en el que más lo he necesitado.

Pero sobre todo me he dado cuenta de que quizá no estaba preparada para este reto. Pero eso no significa que no debiera confiar en mí misma hasta el último instante. La falta de confianza en una misma es el peor enemigo: no sé cuántas oportunidades habré dejado pasar sólo por pensar que “no, esto no va a salir adelante” o “¡pero si no valgo para esto!”.

Me he encontrado con unos cuantos obstáculos por el camino y de todos ellos he sacado algo positivo, así que quizá ahora me siento un poco menos loser. Al fin y al cabo, Bruselas ha sido sin lugar a dudas mi mejor escuela.

Decidí escribir estas líneas porque estoy a punto de cerrar un capítulo muy especial de mi vida y, sinceramente, no puedo imaginarme cómo será mi vida a partir del mes de septiembre. Pero espero que toda la fuerza y valentía que he ganado estos meses siga acompañándome, en Barcelona o en donde sea. Y si las lecciones que he sacado de este experimento pueden ayudar, inspirar o hacer reflexionar a alguien con ganas de intentarlo, habré logrado mi objetivo.

Y venga, va, lo confesaré: en parte, escribo estas líneas porque todavía creo en el gol en tiempo de descuento, en las leyes de Murphy y en los plot twists, y todavía me aferro a la esperanza de que va a caer *algo* que me permita quedarme en Bruselas. ¡Crucemos dedos!

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