1 Abril

Sábado

Hoy hemos quitado las fundas de invierno del cochecito de los niños y nos hemos ido a pasear a Brixton con unas mantitas para la siesta de más tarde, por si refrescaba. Aunque amenazaba lluvia desde alguno de los elefantes aéreos que nos pasaban por encima, si entre el sol y nosotros no se entrometía ningún cúmulo, la sensación de primavera nos estallaba en los pómulos dorados. Mi hija ha estado correteando sin parar por Slade Gardens, un parquecito muy bien posicionado para los niños mientras que nosotros nos tomábamos unas pintas en el Crown&Anchor. A la vuelta, de camino al metro me he dado cuenta de que había dejado mi tarjeta en el bar con una cuenta abierta y he vuelto rápidamente mientras mi mujer y mis hijos esperaban cerca de la estación. De camino al pub, me he cruzado con un chico de mi ciudad natal, un amigo de la infancia, un compañero de colegio, un vecino de barrio. “Quillooo” — “Quillooo”. Me he cruzado con él en Brixton Road, así, de repente. Ni él ni yo vivimos por aquí, pero nos hemos encontrado sin querer fuera de nuestros barrios, a miles de quilómetros de nuestra casa original, habiendo crecido a poco más de un kilómetro de distancia.

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