2 Mayo

Martes

Nos han regalado mis suegros una hora de masaje tailandés y les hemos dejado a los bebés antes del medio día. La claridad de fuera, cielo azul celeste y alguna nube que recorre el horizonte, contrasta repentinamente con la oscuridad de la sala de masaje. Los pájaros alborotados de la primavera ahí fuera, con la suavidad de una música zen que proviene del hilo musical típico de consulta de dentista o ascensor. El olor a campo verde y renacido, con los humos obligados de incienso relajante. Ha sido muy satisfactorio, agradezco mucho una hora tumbado en el suelo con una persona desconocida tocándote el cuerpo, siempre, incluso cuando fuerzan las extremidades al máximo, y aunque mi mujer haya echado en falta el ofrecimiento de «final feliz».

Cuando salimos de la burbuja sur asiática, el sol, las nubes y el campo verde siguen intactos, y después de comer y una pequeña siesta, nos vamos al lago del pueblo a dar un paseo y dar de comer a los patos.

El sol se pone en el horizonte y colorea, desde las pequeñas ventanas de esta casa, algunos dorados en la parte superior de las paredes.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.