26 Abril

Miércoles

Una ducha repentina a medio día – un chaparrón – ha caído sobre las flores del jardín delantero, el que da a la calle. El sol entraba en escena, pero era una nube gris y solitaria la que descargaba agua como una manguera de bomberos. Gotas brillantes surcaban el aire como meteoritos transparentes. La escena ha sido muy caliente, en cámara lenta. Las flores se revolvían mojadas de placer al salpicarles las gotas de agua. Como si de un detestable concurso de camisetas mojadas se tratara, en el que tulipanes, narcisos y otras flores, se daban un baño bajo el sol de abril. Abriendo sus pétalos al sol, desprendiéndose de su timidez primaveral, dando rienda suelta a un semi éxtasis veraniego. Paseantes con chubasqueros quedaban absortos al pasar, se frotaban los ojos no pudiendo creer el espectáculo y agarraban sus teléfonos móviles para inmortalizarlo en vídeo, sonriendo lascivos cual joven consumiendo pornografía barata, hipnotizados por los pistilos duros que asoman a través de los pétalos mojados, naranjas, rojos, amarillos, morados…

Un grito de mi hijo a través del intercomunicador me ha devuelto a los 25 fotogramas por segundo – la siesta de la mañana se acabó, es hora de comer y aún no he machacado las zanahorias.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.