29 Abril

Sábado

El día de hoy ha empezado la noche de ayer en nuestras cabezas. Nos vamos de viaje, a celebrar el 60 cumpleaños de mi suegro, y más allá de las maletas, nuestras cabezas tratan de organizarse para que el trayecto sea los más cómodo posible para los bebés, es decir, para nosotros.

Aunque el día amanece blanco, el fresco de la semana pasada aún sobrevuela Londres. Vestimos a los niños con algo ligero pero en muchas capas para poder ir quitando y poniendo según entremos y salgamos de coches, autobuses, aviones, salidas y llegadas, es primavera, y el tiempo es más traicionero si cabe. Viktoria y yo nos vestimos únicamente con un manto de paciencia. Para aguantar cualquier chaparrón, llantos a deshora, miradas de pasajeros, derrames de bibis sobre asientos, olores de caca en la fila del pasaporte.

El cielo de Budapest está igualmente cubierto, blanco, y la temperatura es muy parecida a la de Londres. Últimas tres horas en coche del aeropuerto a casa, después de tres de avión, dos de espera en el aeropuerto y una en el taxi por la mañana. Los bebés cumplen mimetizados con los peluches que llevan en los brazos. Más vale que se acostumbren a esto, si no, la familia va a significar para ellos muchas horas obligadas en el aire, o mirado de otro modo, un canto a la procrastinación.

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