Abril Sosa: “Lo que pasó en Cromañón le podría haber pasado a cualquier banda”

Antonela Casal
Nov 2 · 6 min read

El artista nos cuenta su regreso a la batería y adelanta en exclusiva el regreso de Cuentos Borgeanos. Habla de la industria actual y evoca a Gabriel Ruiz Díaz.

Más allá de que afirma que “hay artistas que siempre hicieron lo mismo y triunfaron” y que “el secreto está en hacer siempre lo mismo”, con su historial nos demuestra todo lo contrario. A los catorce años ya tocaba la batería en Catupecu, creó Cuentos Borgeanos, fue solista y ahora vuelve a tocar la bata profesionalmente, después de casi dieciocho años, de la mano de Abel Pintos. En su último disco, Canciones para que me crea, fue “tan solista que duele”. Además de la voz, grabó todos los instrumentos musicales. Claramente, la inquietud es algo que lo caracteriza, y fiel a su búsqueda, está con otro proyecto inédito en proceso, Abril Sosa Trio.

Melómano y amante del arte, manifiesta que le gustaría vivir en Nueva York porque allá “tenés una exposición artística muy grande” y, a diferencia de acá, “los mínimos niveles de higiene y de seguridad están”. En esa línea, y trazando un paralelismo con los boliches de acá, asegura que “lo que pasó en Cromañón le podría haber pasado cualquier banda”.

Mientras toma cerveza en un vaso de plástico, dice que para él “la cosa más hermosa de la vida es ser un anónimo” y que siempre le escapó a la fama, pero a pesar de eso, adelanta el regreso de Cuentos Borgeanos. Y aunque prefiere que nadie sepa de su vida, revela el dolor que le genera la situación de su gran amigo Gabriel Ruiz Diaz, bajista de Catupecu, quien se encuentra en coma desde el año 2006, tras sufrir un accidente automovilístico.

¿Cómo es componer en los tiempos actuales?

Cambió todo muchísimo, ahora es todo single: un tema dura una semana y adiós. Haría un movimiento de “volvamos al CD, a las radios y a cobrar SADAIC”. Por eso también renuncié a Sony Music, donde me pedían que me involucre en esa dinámica en la que se mueven las cosas hoy. Yo no puedo componer un tema por mes, el resultado es malísimo.

¿Sentís que el disco fue reemplazado por las playlists?

Hasta hace muy pocos años un artista vivía de la música a través de tres patas. Hoy la radio no existe, el fonomecánico (la venta de discos) no existe y el derecho de autor está re-muerto. Me gustaría volver para atrás. Hoy en día, pibes que llenan Niceto o el Teatro Vorterix, además de tocar, trabajan de otra cosa. Está buenísimo, pero es tiempo que te podías dedicar al arte. Murió el mercado y eso para mí es fatal porque yo vivo de la música.

Decís que ahora sólo salen singles y no se trabaja tanto con discos ¿Creés que eso tiene que ver de alguna forma con la actualidad de los recitales en Argentina?

Sí, hoy la gente prefiere un festival como el Lollapalooza, incluso comprando la entrada sin saber el lineup. La gente no escucha más discos, escucha playlists. Ya no se banca un show de una hora. Cambió la dinámica y uno se tiene amoldar a eso. Yo le pongo un freno, sigo siendo cortazariano en el sentido de sentarme a escuchar un disco o una canción, y apagar el celular. No uso Spotify porque estoy completamente en contra del negocio, pero mis discos están ahí: no me queda otra.

Viviste tres años en Nueva York ¿Cómo cambió tu cosmovisión a la hora de componer música? Una vez que viniste acá ¿Cómo viste la escena local?

Como melómano, quiero vivir es en Nueva York. Pasa todo al mismo tiempo. Yo iba mucho a Nublu, un lugar mítico de allá, un antro, pero de repente caen los Stones. La experiencia me parece súper inspiradora. De lunes a lunes tenés una exposición artística muy grande, porque también lo que pasa es que vas Nublu, el sonido es increíble y los baños están limpios por ley y eso acá no pasa.

Un poco lo que pasaba con Cemento…

Sí, Chabán invertía y tenía un sonido increíble. Los baños eran un asco, en los camarines hacíamos pis en el piso, y yo lo entendía también, porque fue un chabón que impulsó Catupecu. Llevábamos noventa personas y nos dejaba tocar gratis. No ganábamos plata, pero tocábamos con Cemento lleno, era una fiesta para nosotros. Para mí fue duro cuando murió porque lo super abandonaron. Además, no es que Callejeros vendía bengalas, en Catupecu también prendíamos. Lo que pasó en Cromañón le podría haber pasado cualquier banda. Chabán estuvo mal, pero también los políticos estuvieron mal, los músicos estuvieron mal. No condeno a los Callejeros y no lo condeno a él, no mereció el final que tuvo. Nos ayudaba a todos. Yo lo quise mucho.

¿Creés que lo que pasó esa noche tremenda cambió el rock?

Fue un punto de inflexión. ¿Porqué tuvimos que llegar a eso? Vas a Nublu en Nueva York yte puedo asegurar que todo es ignífugo, que el baño está limpio y los mínimos niveles de higiene y de seguridad están. Es un bajón a costa de qué, pero a mí me dio conciencia, se podría haber salvado gente si todo estaba bien, pero como todo en Argentina, hoy en día hay muchos lugares qué vas y esto no existe, no hubo tragedia desde entonces y se empiezan a confiar. La gente también muchas veces naturaliza, “en los recitales del Indio cuatro o cinco mueren”.

Hablaste del tiempo para dedicarte al arte. El tiempo libre que vos tuviste te permitió tocar varios instrumentos ¿Cómo llegaste a ese lugar?

Tuve suerte de tener ese privilegio. Manejo todos los programas de grabación. Gracias a haberle dedicado mucho tiempo a eso y tener gente al lado, como Gabriel Ruiz Diaz, el bajista de Catupecu, que hoy en día hace casi 14 años que está en coma. Con él aprendí mucho de ingeniería y programas de computación. Pasamos mucho tiempo juntos, siempre fue muy innovador en todas esas cosas. Tuve suerte con los maestros en el camino de la vida.

Te escuché decir en una entrevista que odiabas manejar, más después del accidente de Gabriel ¿Qué cosas cambiaron para vos después de ese accidente?

Muchísimo, eso es una de las cosas. Me pasa que con Gaby compartía muchas de las visiones filosóficas de la vida y del mundo. Para mí él está en un lugar raro, no está tocando, pero tampoco se murió. Es una cosa que me afecta muchísimo. Es algo muy presente. Cargo con ese dolor queme genera, porque para mí Catupecu es como el génesis de mi carrera musical, y además Gabriel en particular es un gran amigo. Es una cosa que yo no entiendo porque no entiendo un carajo de la vida, entonces menos me puedo explicar eso.

¿Cuáles son tus proyectos a futuro?

Actualmente, estoy con lo de Abel, me encanta, me divierte tocar la batería y volver en un proyecto así. Yo a él siempre lo admiré y las canciones me encantaban, pero una vez que empecé a sacarlas entendí el éxito. Después, con Cuentos estamos rearmando algo para editar y paralelamente tengo este proyecto de Abril Sosa Trío, donde componemos, producimos, todo, pero cantado por otros artistas. Que nosotros seamos los que están atrás y las caras sean otros, los Gorillaz argentinos.

¿Y cómo te movés a nivel ego, ya no siendo vos el que está bajo las luces?

La cosa del ego la viví bien. A los veinte años estaba tocando en Catupecu en su mejor momento, hicimos Obras, todo. Me conocías ahí y era un estúpido, tenía el ego más grande que Maradona. Aprendí, tengo un hijo y eso me ayudó a encontrarme con cosas un poco más simples y más esenciales. Siempre le escapé a la fama, nunca fui famoso, nunca me gustó esa parte, creo que la parte más cruda del arte o de ser artista es la fama, es una cosa atroz. Creo que la cosa más hermosa de la vida es ser un anónimo, salir a la calle y que nadie sepa nada de vos ni le interese.

¿Cómo surgió el contacto con Abel Pintos, que es un tipo artista del rock?

Y no tan fuera igual; de hecho, es un gran fanático de Linkin Park o de ir ver a Carajo y hacer pogo en vivo. Pero con Abel, en realidad, siempre tuvimos como una relación de admiración recíproca porque a los dos nos gustan ciertos escritores, el amor por la literatura y autores en común. Siempre fue muy fanático de Cuentos Borgeanos y de Borges también, y en su momento el sacó una canción que se llama “Pájaro cantor”, que a mí me encanta y le dije que quería que me invite a tocar, pero yo no soy un cantor profesional, no puedo cantar con él, y en un momento hizo un cambio de banda y surgió todo esto que está ahora aflorando.

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