Los deseos duelen.
Los deseos duelen, siempre duelen. Desde el momento en que la moneda está el aire, en cámara lenta, hasta que toca el agua. Desde que una pestaña queda pegada en tu dedo y sabés que el deseo es tuyo, que ahora tenés que llevarlo con orgullo a tu pecho y bancártelo. Desde que juntás aire para…