Nuestra incapacidad para entender el mundo en que vivimos

Simpatizantes de Trump que no entran en nuestro molde

El mero hecho de intentar trazar un patrón del referéndum de Colombia, del “brexit” y de la victoria de Trump junto al crecimiento de los populismos europeos apunta a lo precario de nuestro esfuerzo intelectual.

Llevamos unos años intentando encajar en nuestra visión del mundo y en nuestra ideología una sociedad que no entendemos. Los medios de comunicación, los analistas — desde los que ofrecen nuevas metodologías hasta los que encajan en la figura del intelectual clásico— , el endogámico círculo que creamos en redes sociales. Fracasamos una y otra vez en la tarea de volver a meter el genio en la botella.

La desconexión con la realidad golpea más fuerte en el caso Trump. No sólo porque la oposición brutal de viejos y nuevos medios — con contadas, pocas excepciones en USA — les haya hecho caer más veces en el lado del activismo que en el del periodismo; también el intento de esa prensa por explicar el mundo antes de darse tiempo, de hacer el esfuerzo mínimo exigido, para entenderlo.

El triunfo de Trump es un fracaso doble para los medios. Tenemos el no haber conseguido entenderlo más allá del esperpento del personaje, tenemos la palpable evidencia de la incapacidad de los medios de prestigio para influir en un segmento enorme de la población. No lo plantearía en el sentido que algunos apuntan — “no han conseguido pararlo” — porque creo que esa labor activista establece un nudo gordiano en los medios de hoy.

El papel de los medios es quizás, lo que más me preocupa, toda vez que uno está inmerso en ello. Hay una variable que es su pérdida de credibilidad, su constante deslegitimación en la que hay tantos factores: el trincherismo ideológico, la falta de consistencia y calidad y, también, la pasada de frenada en ciudadanos, políticos y periodistas en convertir la crítica a una pieza o a un momento de un medio a una enmienda total.

La función del medio que se acepta es la de dar un masaje ideológico, el resto está vendido (me han dicho lo que no quiero oír, una vez criticaron/atacaron a mi partido o candidato) y, por supuesto, tiene intereses ocultos. Tras el triunfo de Trump se suma la crisis de credibilidad de las nuevas apuestas basadas en expertos en encuestas, modelos estadísticos y gráficas interactivas de múltiples colores que al final tampoco nos han ayudado a entender qué pasa.

Somos incapaces de entender el mundo en que vivimos y mi primera hipótesis es que, encerrados en nuestro marco de entendimiento e ideología, no alcanzamos a plantearnos escenarios que, sospecho, están ya sobre la mesa. A saber: segmentos muy amplios de la población que no tiene como modelo irreemplazable el de democracia liberal (es más, empieza a cuestionar elementos clave aunque no se atrevan a decirlo así), perdedores de las guerras culturales de las últimas décadas que no están dispuestos a que le digamos como vivir los “listos y modernos”, efectos de la pérdida de calidad del debate público (y aquí, tecnoutópicos, entran también vuestras “emponderadoras” redes que han eliminado los cuestionables filtros meritocráticos anteriores y los han sustituido por otros que podemos empezar a plantear que son peores) e individuos que, en masa, han interiorizado que todo es posible con sólo protestar o votar a quien se lo promete y, por supuesto, todo se lo merecen.