A PURA SOPA

La feria libre muestra pequeñas pinceladas de la vida de sus habitantes, familias que crecen en torno al trabajo de vender papas o aliños, frutas secas, frutas de la estación; atados a la rutina de comprar de madrugada en la Vega y traer los productos a los puesto que en hilera se arman en la calle Arrieta.
Gumercinda Lopez llego a este sector a fines de los 70, cuando el gobierno le asignó unas caseta sanitaria, que consistía en baño y cocina, ella con una fuerza sobre-natural que tienen algunas mujeres, armó dos piezas con sobrantes de maderas, latas y todo lo que encontró y así fue armando su nido; al poco andar, y por esas necesidades de la pobreza se fue llenando de chiquillos hambrientos recogidos de un lado y otro y que necesariamente había que alimentar.
Don Rodrigo lleno el carro de una joven mujer con frutas un poco pasadas que ya no se venderían, también puso otro tanto de verduras en buen estado, por lo cual su socio le reclamó:
- Oiga jefe, no se le estará pasando la mano, esas verduras todavía aguantan.
- No se ponga delicao, oiga, no ve que ella es una de las hijas de “la Caracol”
- Ah!! eso es otra cosa.
Un ayudante que escucho el dialogo preguntó
- Y quien es la Caracol?
- Es una antigua señora que por años ha acogido a una montonera de críos que andaban hambrientos por el barrio, nunca ha tenido menos de 15 chiquillos… pa´alimentar a esa caterva de cabros empezó a venir a pedir las sobras de la feria, pasado un tiempo y con el afán de retribuir el gesto de los feriantes, Gumercinda, que así se llama, empezó a traernos a algunos de nosotros unos maravillosos potajes calientes que nos ayudaban a soportar las frías mañanas de invierno, todos querían saber de que estaban hechas tan potentes sopas; ella les ponía diferentes nombres como “come y calla” “sopa de tiras” y algún otro y nunca confesó su secreto. Mucho tiempo después alguien se dio cuenta que Gumercinda tenía en su patio un corral donde criaba caracoles. Así fue que se supo que las deliciosas sopas eran de caracol y verduras.
Con los años recogió y alimento como a 25 cabros chicos a punta de caracoles y crecieron sanos y robustos.
Ahora una de sus hijas adoptivas continua con el trabajo y la llaman “la Caracol Chica”.
ANTONIA OBIOL Y C.©.2010
GRÁFICA: VANIA ZOURAVLIOV
pactodeluna.blogspot.cl

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