EL ENCANTADOR DE FEAS

Llevaba mucho tiempo sin saber de Marcelo, así que aproveché una ida al centro para pasar por su oficina.
Cuando salí del colegio decidí estudiar filosofía, una fe que no me acompañó por mucho tiempo; yo diría que lo único que me quedó de ese tiempo es Marcelo. Nuestra pasión por el paisaje y los caminos olvidados en la geografía de este territorio nacional nos llevó a compartir cercanamente, yo creo que la observación silenciosa de inmensos paisajes solitarios crean lazos profundos.
Pero el ultimo tiempo, Marcelo dicidió apartarse, diferencias que antes fueron pequeñas se fueron haciendo muy grandes. Un día me dijo:
- Comadre, tate atenta a las señales.
Bajó a recibirme con su tribilinesca estampa y sus entonados holas lo que me puso en contacto nuevamente con nuestra historia común. Decidimos ir a un café y ponernos al tanto del estado de nuestras vidas; economicamente a Marcelo le había ido bien, había vendido su viejo Soyuz 4x4 que nos acompañó por intrincados caminos, ahora tenia uno nuevo, negro, grande y polarizado; sus viejos y recurrentes amores cuyas puertas golpeó durante años con distintas estrategias y ninguna promesa; lo que ofrecía era su persona, su encanto, su 4x4, su trabajo en el banco, sus camisas impecablemente blancas, esa era toda la ofrenda que llevaba a estas mujeres clase B, pero todas ellas dicidieron un día casarse con hombres dispuestos a quererlas y abandonaron así a este ilusorio amor. Marcelo se defendía alegando que lo habían dejado para unirse a hombres fomes y opacos, olvidando lo magnífico y entretenido que era él, obviando lógicamente lo poco que ofrecía su propuesta amatoria. Estaba verdaderamente picado por la 
determinación de ellas, durante nuestra conversación jamas demostró alegría por la nueva y feliz vida de aquellas a las que alguna vez prometió amor y sinceridad.
Por estos días encontraba refugio en algunas mujeres de pasado poco claro que vivían en las proximidades de Illapel, a donde él llegaba con su nuevo auto. Según su relato, daba unas vueltas por el pueblo para hacerse ver y crear expectativas en torno a su presencia; se estacionaba en un conocido bar en medio de las miradas del pueblo, hablaba horas con el garzón sobre los interesantes temas que Marcelo consideraba apropiados para el lugar. Así un poco entonado por el vino de la casa, hinchado y magnifico, salia a visitar a sus conocidas y así hacer uso de sus dotes de encantador de feas.
Pasado un rato ni corto ni largo y después de varios cafés y algunas galletas; mencionando por supuesto, una tonelada más de heroísmo de Marcelo, llegué por fin a entender el verdadero significado de “atento a las señales”…

AOC:©2010
Gráfica: Ellery Mann