El pozo

Jun Ling Brush

Le ocurría normalmente a Rosalía que algunas raras ideas hacían nido en su cabeza y luego le tomaban el cuerpo entero y se fundían en la bruma del pensamiento.

Por mucho tiempo Rosalia se abasteció de agua en un cristalino y modesto riachuelo bastante distante de su casa. Un día cualquiera descubrió un profundo pozo de agua fresca y de especial sabor, pero muy difícil de extraer, poco a poco Rosalia olvidó el riachuelo y consideró que la única agua existente era la de ese pozo.

Pasado un tiempo, las cantidades de agua fueron mermando, hasta que Rosalía, pese al esfuerzo, solo conseguía pequeños sorbos, y al poco andar no consiguió ni una sola gota, pero ella obtusamente insistía en su propósito; llegó a pensar que el pozo era tímido, o bien que era orgulloso o que estaba jugando… y así creó un tejido de ideas en torno al pozo y su contenido; Rosalía creía a pie juntillas que en el abismal fondo existía agua y soñaba reflejar su rostro en esa agua profunda y cristalina.

Pasaron los años y Rosalia alimento su idea con distintas variantes, sostenida en esa porfiada esperanza. Un día domingo se armó de su mejor cara, su mejor ropa y salió en busca del pozo, se sentó en su orilla, lanzó como otras tantas veces el balde en busca de ese sueño; un tiempo parecido a la eternidad pasó por su mirada con el simple secreto: “nada hay ahí”, solo una cavidad vacía que alguna vez contuvo algo que ya no puede retener. La inutilidad de su sueño arrancó su ultima lágrima y quedó silenciosa parada en medio de la profunda certeza de que la más ciega y fogosa esperanza no es capaz de obtener agua de las piedras de un oscuro pozo…

ANTONIA OBIOL Y CORCOLL © 2010
Grafica: Jun Ling Brush