Ya sé por qué no puedo considerarme emprendedor

Durante una temporada pensé que lo era, después dudé si lo llegaría a ser y al final me conformaba con decir que era aprendiz. Ahora sé que nunca fui emprendedor y además sé por qué

Siempre he querido montar mi propia empresa, y desde la primera vez que me lo planteé en serio, en la época de las punto com, ¡allá por el siglo pasado!, supuse que sería en torno a un servicio o producto relacionado con internet y la tecnología.

En el mes de mayo pasado, coincidiendo con el gol que Cristiano Ronaldo marcó en Milán al Atleti en la tanda de penaltis de la final de la Champions League, cerraba el que podría considerarse mi primer proyecto emprendedor, competi.net, una red social de competiciones basadas en pronósticos deportivos creada a medias con mi socio. Había sido la evolución natural de muchos emprendedores: aprovechar una de sus pasiones para crear un producto y tratar de hacer negocio con él.

Todo empezó allá por el año 2007, con el incipiente mercado de las apuestas deportivas en nuestro país. Siete personas entre amigos, compañeros de trabajo y familiares, unidos por un tema común: quinielas, porras, fútbol y ligas fantásticas organizadas entre nosotros con los clásicos excel., fundamos una especie de grupo de trabajo para buscar oportunidades de negocio en este nuevo mercado. Empezamos creando blogs basados en apuestas deportivas, póquer y casinos online, orientados a referir usuarios y comenzamos a navegar por las procelosas aguas del negocio de la afiliación.

Todos colaborábamos en nuestros tiempo libre y las cargas laborales y familiares fueron mermando el grupo hasta que en 2010 decidimos disolverlo. Sólo dos quedamos con ganas de continuar y, sin olvidar los blogs de contenidos orientados a referir jugadores, comenzamos a desarrollar una idea que nos rondaba la cabeza: una red social para los amantes de las competiciones basadas en pronósticos deportivos, ya fueran porras, quinielas, ligas fantásticas, u otras ideas que teníamos en mente.

La ley de ordenación del juego, aprobada en 2011, nos hizo desistir de mantener los blogs basados en afiliación y decidimos centrarnos en el desarrollo de competi.net, el cual, tras un año de desarrollo intenso, a nuestro ritmo, pero intenso, y unos meses de pruebas con amigos y familiares, fue lanzado a finales de la temporada futbolística del 2012 y orientado principalmente a peñas.

Poco antes de iniciarse la siguiente temporada llegó nuestra primera peña, de Bilbao, que nos pidieron organizar lo que allí llaman bolillas, y que les montamos con la ilusión de un niño pequeño. Salvo ellos y algunos grupos reducidos, sólo la liga de porras organizada por el desaparecido blog de El Fútbol Es Injusto salvó lo que podemos calificar como un desastre rotundo. Contactamos con peñas, foros, webs y blogs deportivos, pero nada. O no había mercado o no dimos con la tecla.

Así que pivotamos hacia jugar individualmente y gratis, usando el kik, nuestra moneda virtual, tanto para pagar la inscripción a las porras como para acumularlos si acertabas tus pronósticos. Regalábamos unos pocos al registrarte y si acumulabas suficientes, podías ganar premios. Ese era nuestro gancho para crecer en usuarios. Y vaya si crecimos, pero porque se cruzó por el camino el cierre de beticious.com, que hacía algo parecido y nos recomendó como opción para que sus usuarios siguieran jugando. Desde aquí les doy las gracias de nuevo.

Siguieron llegando usuarios y continuamos creando nuevas formas de organizar competiciones: porras sueltas o ligas, de mayor o menor duración, de fútbol, baloncesto, rugby o fórmula 1, con criterios de clasificación habituales o extraordinarios, con boletos de pronósticos sofisticados o sencillos. Creo que logramos elevar al estado de arte eso que mucha gente conoce como porras y que nosotros llamamos competis, las cuales logramos que fueran muy emocionantes y competidas.


Meses atrás de la final de Champions, mi socio y yo ya habíamos decidido cerrar tras cinco años de esfuerzo, pruebas y pivotajes. Creo que tuvimos una buena idea, hicimos un buen producto y creo que incluso el momento fue el apropiado. ¿Qué falló? Sencillamente, que nunca fuimos emprendedores, la verdad.

Ese palabro de arriba que los anglosajones han inventado me viene como anillo al dedo. Leí hace tiempo que la diferencia entre un entrepeneur y un wantrepeneur es que el segundo nunca logra convertir una idea en negocio. Pues sí, ese fue nuestro problema. Todo eran buenas ideas, demasiadas buenas ideas, pero siempre nos orientábamos a ofrecer nuevas funcionalidades y a captar usuarios, nunca a captar clientes, es decir, a ganar dinero con nuestro producto.

Diseñamos un producto gigante para cubrir muchos posibles nichos, ofreciendo un servicio diferente a cada uno de ellos, todos a la vez, pero no sabíamos si nadie estaría dispuesto a pagar por usarlos. Sólo sabíamos que nos gustaba a nosotros y que creíamos que gustaría a nuestros usuarios. «¿Cómo puede ser que no lo usen y lo recomienden?», decíamos. Confirmation bias que dicen los anglosajones.

Al menos, no nos costaba mucho dinero. Fuimos pagando hospedaje, dominios y premios para nuestros jugadores, pero ni siquiera creamos una sociedad, pues no ingresábamos dinero. Y fuimos tirando de riñones para los siguientes desarrollos. ¿Nuevos desarrollos? Sí, seguimos añadiendo funcionalidades, incluso íbamos a gamificarlo para enganchar a los jugadores, que abandonaban en porcentaje significativo tras jugar pocas competiciones.

Ahora sé que nuestras ideas basadas en nuestros gustos sólo eran hipótesis. Sin validarlas nos lanzábamos a desarrollarlas, y para cuando recibíamos el feedback de los usuarios, ya habíamos hecho un esfuerzo titánico. Cambiamos de foco varías veces, siempre a mejor, pero nunca preguntamos a nuestros usuarios lo que querían y sólo validábamos a toro pasado, cuando más difícil y costoso es rectificar.

Poco a poco fuimos creando una plataforma con demasiada funcionalidad que había que mantener. Había que crear competiciones, solucionar problemas con los datos de los resultados deportivos, artículos en el blog, la cuenta de Twitter y de Facebook, atender incidencias y la administración para corregir y clasificar competis, que, aunque logramos automatizar mucho, llevaba su tiempo. Cada vez menos tiempo para pivotar y para desarrollar cosas nuevas.

Para cuando la realidad nos abrió los ojos, teníamos un monstruo que mantener, y entramos en bucle. Contábamos con unos cinco mil usuarios más o menos activos que eran nuestro tesoro. Pero jugaban gratis. Nuestro principal objetivo era lograr que la diversión continuara para ellos, ya que creíamos que serían la base de nuestros ingresos cuando creásemos el producto definitivo de pago.

Decidimos que nuestra recompensa podría llegar por la economía de escala, y nos lanzamos a captar usuarios. Creamos mecanismos de afiliación y recompensábamos a los que referían usuarios, y éstos no dejaban de llegar. Es cierto que la recurrencia flaqueaba y otros nunca llegaban a jugar, pero teníamos un núcleo duro tremendamente fiel. ¿Qué porcentaje? Pues la verdad, teníamos algunas métricas, hacíamos de higos a brevas un estudio de cohortes, pero nunca vigilamos suficientemente nuestros datos. Incluso nos lo dijo el mismísimo Carlos Blanco, una vez que quedamos con él para hablar de nosotros y de nuestro producto. «El primer día de nuestras vidas», dijimos mi socio y yo, minutos antes de reunirnos con él en el hall del hotel de Madrid donde se hospedaba. Confirmation bias, again.

Nos dio el primer gran baño de realidad. Teníamos buenas ideas, competiciones variadas, moneda virtual, usuarios y algo de tracción, pero sin cobrar de una forma u otra, no habría negocio, y sin métricas, no sabríamos tomar decisiones correctas. Y además nos dedicábamos a ello en nuestro tiempo libre. Vamos, unos wantrepeneur de libro.

Repasando el libro de Carlos Blanco sobre los principales errores de los emprendedores, que nos regaló la «empresa» y que devoramos ávidamente semanas antes de aquella reunión, debo reconocer que lo hicimos casi todo mal. Deberíamos volver a hablar con él para proponerle que pusiera una foto nuestra en cada capítulo. Creo que cometimos todos los errores que allí se enumeran.

Si decidíamos seguir el consejo de Carlos Blanco, tendríamos que pivotar una vez más para dejar jugar gratis al principio, pero cobrar por seguir jugando, y sin recompensas económicas, para no incumplir la Ley del juego. Pagar por jugar y sin recompensas. Eso suponía cambiar por completo de target, montar pasarelas de pago y fundar una sociedad para dar garantías a todos los involucrados en el servicio, los clientes y nosotros. Suponía otro esfuerzo adicional justo cuando empezaba a escasear la gasolina que había hecho carburar nuestra «sociedad» hasta aquel momento: la motivación y la implicación.

Llegamos a pensar en contratar a alguien para que los desarrollos fueran más rápido. No lo hicimos porque era arriesgado sin tener ingresos. El capital que pusimos al principio llegaba a su fin y nos lo habríamos liquidado en meses. Craso error. Si hubiéramos contratado a alguien habríamos espabilado, como bien dijo Juan J Velasco en uno de sus tuits

Para aquel entonces los socios veíamos el negocio de forma diferente, nos implicábamos en el día a día de forma diferente, poníamos el foco en temas diferentes. No fue una etapa fácil y entramos en lo que David Bonilla definió en una de sus míticas bonilistas como la zona gris.

El final ya es conocido, decidimos cerrar y competi.net duerme ahora en nuestros discos duros. Hace un par de semanas tuvimos nuestra comida de despedida, con cierto sabor a oportunidad perdida. Pero tengo que decir que la aventura que vivimos durante estos años, al menos para mí fue fascinante, extenuante por momentos, tremendamente enriquecedora siempre y en ocasiones toda una montaña rusa de emociones. Supongo que eso fue lo más cerca que estuvimos de ser emprendedores.

Aprendimos PHP, que no era lo nuestro, que somos javeros, un framework MVC nuevo que desconocíamos, Yii, CSS a fondo, jQuery, Bootstrap, y estuvimos a punto de meternos con Android e iOS. Aprendimos marketing digital, SEO, SEM, el negocio de la afiliación, pasarelas de pagos, métricas, comunicación en redes sociales, etc. Releyendo el artículo del giro profesional del ex CEO de nvivo, y salvando las enormísimas distancias, me vi reflejado en algunos de sus lances.

Pero por encima de todo, lo que me quedo de mi primera aventura como wantrepeneur es que ya sé por qué no puedo decir todavía que he sido emprendedor. Supongo que lo volveré a intentar, y puede que fracase de nuevo, pero no tropezaré con lo mismo. Validaré hipótesis, probaré pronto y barato, buscaré clientes desde el minuto cero, y sobre todo, no me pondré a diseñar el logo antes de haber hecho todo eso :-)

Vía entrepeneurfail.com

Gracias por leer este artículo.